La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) lo define como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño real o potencial. Dicho de forma sencilla, es la experiencia que genera nuestro sistema nervioso cuando interpreta que existe, o puede existir, una amenaza para nuestro organismo.
Esta definición ha supuesto un importante cambio de paradigma porque separa conceptos que durante mucho tiempo consideramos prácticamente equivalentes: dolor y daño no son lo mismo.
A pesar de ser una experiencia universal, cada ser humano vive el dolor de manera diferente. Esto se debe a que en su percepción influyen factores hormonales, inmunitarios, psico-sociales, laborales, familiares, el estado de nuestros tejidos y condición física, el funcionamiento del sistema nervioso, nuestras expectativas y experiencias previas e, incluso, lo que sabemos sobre el dolor y la forma en que recibimos y/o comprendemos un diagnóstico.
Ante una lesión o posible amenaza, el sistema nervioso integra la información procedente de los tejidos junto a la que aportan todos estos factores y evalúa, de manera inconsciente, la relevancia de la situación. El dolor es el resultado de este proceso, no un simple reflejo del daño existente. Por eso, ante un mismo estímulo físico, dos personas pueden experimentar dolores muy diferentes o incluso, la misma persona, sentir una sintomatología distinta dependiendo del momento y del contexto.
Durante mucho tiempo, la medicina interpretó el dolor desde una perspectiva mucho más simplista: si éste aparecía, debía existir una lesión que lo explicara. Cuando ésta no se identificaba en las pruebas habituales, con frecuencia se atribuía el dolor a factores exclusivamente psicológicos. Aunque nuestro conocimiento ha avanzado enormemente, esta visión todavía persiste en parte de la práctica clínica. Muchos pacientes, particularmente mujeres, continúan viendo cuestionada o minimizada su experiencia, interpretada como una manifestación de ansiedad, estrés o malestar emocional.
Si no existe una lesión que explique mi dolor, ¿por qué me duele?
Que una prueba de imagen no muestre una lesión no significa que no exista una alteración biológica. En algunos tipos de dolor persistente, el problema reside en el propio funcionamiento del sistema nociceptivo, la red encargada de detectar y procesar las señales de posible peligro.
Gracias a técnicas utilizadas actualmente en investigación, sabemos que este sistema puede modificar su funcionamiento y volverse excesivamente reactivo. Es lo que conocemos como sensibilización: los mecanismos de alarma se activan con mayor facilidad, amplifican las señales e, incluso, pueden permanecer activos cuando la amenaza inicial ya ha desaparecido. En esta situación, el dolor que se genera pasa de ser secundario a denominarse “primario”, pues la lesión, si la hay, ya no explica de forma completa la experiencia dolorosa.
Entonces, ¿cómo se diagnostica un dolor primario?
No existe una prueba en sí que permita diagnosticarlo. El proceso comienza con algo mucho más básico, pero imprescindible: una historia clínica y exploración física exhaustivas. Debemos comprender cómo comenzó el dolor, su evolución, características, mecanismos… ya que diagnosticarlo no consiste en “no encontrar nada”, sino en reconocer sus características particulares, eso sí, descartando previamente la posibilidad de que una enfermedad explique parte o la totalidad de la sintomatología.
Esta nueva mirada nos ha llevado a evolucionar en el Hospital Clínic Barcelona desde un modelo centrado fundamentalmente en la fibromialgia (el ejemplo más conocido de dolor primario) para convertirse en la primera Unidad de Dolor Crónico Primario hospitalaria a nivel nacional, ampliando el foco y profundizando especialmente en el proceso diagnóstico antes de iniciar su tratamiento. El objetivo es evitar el infra-diagnóstico o etiquetar como fibromialgia o dolor primario algo que no lo es, lo que puede condicionar la atención futura del paciente y su pronóstico. Porque un diagnóstico nunca debe impedirnos seguir buscando respuestas cuando algo no encaja.
