El ciclo menstrual y la regulación de la temperatura corporal
Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas. En este contexto, también han surgido numerosas dudas sobre sus posibles efectos en la salud menstrual. Una de las preguntas más habituales es si las altas temperaturas pueden alterar la duración de la menstruación o modificar el ciclo menstrual.
Antes de analizar los efectos del calor ambiental, conviene recordar que el propio ciclo menstrual influye en la temperatura corporal.
Después de la ovulación, durante la fase lútea, la progesterona contribuye a elevar la temperatura corporal basal entre 0,3 y 0,7 °C respecto a la primera mitad del ciclo. Además, también se modifica el umbral a partir del cual el organismo activa mecanismos para disipar el calor.
La fase lútea y la tolerancia al calor
En estudios de fisiología térmica, el inicio de la sudoración se ha observado alrededor de los 37,3 °C durante la fase folicular y aproximadamente a los 38,0 °C durante la fase lútea. Esto significa que, en esta segunda fase del ciclo, la sudoración y la vasodilatación cutánea pueden iniciarse ligeramente más tarde, lo que reduce de forma moderada la capacidad de tolerar situaciones de calor intenso.
Diversos estudios han observado que, en condiciones de calor ambiental elevado, algunas mujeres llegan antes al agotamiento durante la fase lútea, aunque los resultados no son consistentes y otros trabajos no han detectado diferencias significativas en el rendimiento físico.
Esta diferencia fisiológica puede contribuir a que actividades habituales, como caminar, trabajar al aire libre o hacer ejercicio físico, se perciban como más exigentes en determinados momentos del ciclo.
¿Las olas de calor alteran la duración de la menstruación?
La investigación disponible no respalda una relación clara entre las altas temperaturas y cambios relevantes en la duración del ciclo menstrual.
El análisis más amplio realizado hasta ahora, que examinó cerca de seis millones de ciclos registrados por más de 310.000 usuarias de una aplicación de seguimiento menstrual en Japón, identificó una asociación entre la temperatura ambiental y la temperatura corporal basal. Sin embargo, no encontró una relación significativa entre la temperatura exterior y la duración del ciclo menstrual.
Además, los meses de verano suelen coincidir con cambios en múltiples factores que sí se ha demostrado que pueden influir en la regularidad menstrual, como:
- Alteraciones del sueño.
- Viajes y cambios de huso horario.
- Modificaciones en la alimentación.
- Cambios en la intensidad y la frecuencia de la actividad física.
- Aumento del consumo de alcohol.
- Variaciones de peso.
Por este motivo, atribuir las alteraciones del ciclo exclusivamente a la temperatura ambiental puede resultar una simplificación excesiva.
El impacto de las desigualdades y los efectos del calor
Una revisión publicada en 2025 en Frontiers in Global Women's Health sitúa la salud menstrual entre los retos asociados al cambio climático. Según los autores, los episodios de calor extremo y sequía pueden dificultar el acceso al agua, a instalaciones higiénicas adecuadas y a productos menstruales, además de asociarse a un mayor riesgo de molestias e infecciones urogenitales.
Estas consecuencias no afectan a toda la población de la misma manera. Las condiciones laborales, las características de la vivienda o la capacidad económica para acceder a productos menstruales pueden condicionar de manera importante la experiencia de las personas durante los episodios de calor extremo.
Desde esta perspectiva, la relación entre calor y menstruación no depende únicamente de factores biológicos, sino también de los determinantes sociales y ambientales de la salud.
Asimismo, el hecho de que la fase lútea pueda asociarse a una tolerancia ligeramente menor al calor refuerza la importancia de implementar medidas preventivas como una hidratación adecuada, descansos periódicos, acceso a zonas de sombra, una buena ventilación de los espacios de trabajo y el uso de ropa transpirable. Estas estrategias benefician al conjunto de la población, pero especialmente a las personas más vulnerables.
Señales de alerta relacionadas con la menstruación
Es recomendable consultar a un profesional sanitario en las siguientes situaciones:
- Sangrado menstrual muy abundante, con necesidad de cambiar una compresa o un tampón de máxima absorción cada hora durante varias horas consecutivas.
- Dolor intenso que no mejora con la medicación habitual o que limita las actividades cotidianas.
- Ausencia de menstruación durante tres ciclos consecutivos o más, una vez descartado el embarazo.
- Picor, escozor, mal olor o cambios persistentes en el flujo vaginal.
Síntomas que requieren atención médica urgente
Ante estos signos, es recomendable recibir atención médica urgente o activar los servicios de emergencias:
- Fiebre alta.
- Vómitos.
- Erupción cutánea.
- Sensación de desmayo o confusión.
- Dolor de cabeza intenso.
- Piel muy caliente.
- Pérdida de conciencia.
Más allá de los mitos
Aunque las altas temperaturas no parecen alterar de manera significativa la duración del ciclo menstrual, sí pueden influir en aspectos del día a día que repercuten en el bienestar y la salud. La fatiga, los trastornos del sueño, una mayor sensación de malestar durante la menstruación o las dificultades para conservar determinados medicamentos son algunos de los factores que pueden verse afectados por el calor extremo.
Conocer qué efectos están respaldados por la evidencia científica ayuda a poner el foco en los riesgos reales, adoptar medidas de protección adecuadas y evitar creencias simplificadas sobre la relación entre el calor y la salud menstrual.
INFORMACIÓN DOCUMENTADA POR:
Dra. Mª Àngels Martínez, Servicio de ginecología, Hospital Clínic Barcelona.
