¿Qué es el chemsex y por qué preocupa a los profesionales de la salud?
El término chemsex hace referencia al uso intencionado de sustancias psicoactivas para facilitar, intensificar o prolongar las relaciones sexuales, principalmente entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH).
En este contexto, es habitual escuchar expresiones como chems, para referirse a las sustancias consumidas; sesión o chill, que describen encuentros sexuales que pueden durar muchas horas; o slamming, que hace referencia al consumo por vía inyectada y que conlleva riesgos adicionales para la salud.
¿Cuándo puede convertirse el chemsex en un problema?
No todas las personas que practican chemsex tienen necesariamente un problema de salud o una adicción. Existe un continuo que va desde la experimentación o el uso ocasional hasta situaciones de riesgo creciente y, en algunos casos, de pérdida de control.
Los expertos destacan que la combinación de sustancias estimulantes y relaciones sexuales prolongadas puede aumentar el riesgo de perder el control sobre el consumo o la conducta.
¿Por qué las personas practican chemsex?
Reducir el chemsex a una simple suma de drogas y sexo supone simplificar una realidad mucho más compleja. Los profesionales señalan que esta práctica está influida por múltiples factores personales, sociales y emocionales, y que las motivaciones pueden variar de una persona a otra.
Entre los motivos que pueden favorecer su práctica destacan:
- La búsqueda de desinhibición y una mayor sensación de confianza en las relaciones sexuales.
- La necesidad de sentirse aceptado o conectado con otras personas.
- El deseo de mantener encuentros sexuales más largos o intensos.
- La facilidad de acceso a determinadas sustancias en algunos entornos sociales.
- El uso de aplicaciones de contactos, que pueden facilitar la organización de encuentros y la conexión entre personas con intereses similares.
- La soledad o el aislamiento social.
- Experiencias de discriminación, estigma o rechazo, especialmente en relación con la orientación sexual o la identidad personal.
- Situaciones de malestar emocional, como la ansiedad, la baja autoestima u otras dificultades psicológicas.
Por este motivo, los especialistas insisten en que, más allá del consumo de sustancias, es importante comprender qué papel desempeña el chemsex en la vida de cada persona y qué necesidades intenta cubrir. Esta perspectiva permite identificar mejor los factores de riesgo y ofrecer un apoyo más adecuado y personalizado.
Sustancias asociadas al chemsex
Las sustancias asociadas al chemsex pueden generar efectos estimulantes, desinhibidores o disociativos. Sin embargo, no existe un único patrón de consumo y las sustancias utilizadas pueden variar según el contexto. Entre las más características se encuentran el GHB/GBL, la metanfetamina y las catinonas sintéticas, aunque a menudo se combinan con ketamina, cocaína, poppers, alcohol o fármacos para la disfunción eréctil.
- GHB/GBL: Depresor del sistema nervioso central que puede provocar desinhibición, sensación de euforia y relajación. Sin embargo, también puede causar pérdida de conciencia, depresión respiratoria y sobredosis, especialmente cuando se combina con alcohol, benzodiacepinas, opioides u otras sustancias depresoras.
- Metanfetamina (tina): Estimulante muy potente que aumenta la energía, la excitación sexual y el tiempo de vigilia. Puede incrementar la impulsividad y favorecer sesiones muy prolongadas.
- Mefedrona y otras catinonas sintéticas: Sustancias estimulantes que intensifican las sensaciones, pero pueden favorecer el consumo compulsivo.
- Cocaína: Estimulante que incrementa la activación y la confianza, con riesgo de dependencia y complicaciones cardiovasculares.
Es importante tener en cuenta que muchas personas combinan varias sustancias durante una misma sesión. Este policonsumo incrementa el riesgo de efectos adversos, intoxicaciones, sobredosis y problemas de salud física y mental.
Efectos del chemsex sobre la salud física y mental
Después de una sesión de chemsex, algunas personas pueden experimentar cansancio intenso, apatía, tristeza u otros efectos físicos y emocionales que dificultan la recuperación.
Según el estudio HOMOSALUD 2021, aproximadamente tres de cada cuatro participantes que habían practicado chemsex durante los últimos doce meses necesitaron al menos un día para recuperarse; un 19,7 % necesitó más de dos días y un 8,7 %, más de una semana.
También se describen episodios de sobredosis, un riesgo que aumenta especialmente cuando existe policonsumo o sesiones prolongadas.
A largo plazo, la repetición de estas prácticas puede asociarse a problemas de sueño, cansancio persistente, ansiedad, irritabilidad, depresión, dificultades para controlar el consumo o una necesidad creciente de repetir la experiencia. No obstante, los expertos recuerdan que no todas las personas desarrollan estos efectos y que el riesgo aumenta especialmente cuando existe privación de sueño, consumo repetido y combinación de sustancias.
Salud sexual y consentimiento
El chemsex también puede comportar riesgos específicos relacionados con la salud sexual. Las sesiones prolongadas, la disminución de la percepción del riesgo o las dificultades para negociar prácticas sexuales más seguras pueden aumentar la probabilidad de infecciones de transmisión sexual (ITS) o de lesiones físicas.
Además, determinadas sustancias pueden alterar la capacidad para expresar o interpretar adecuadamente el consentimiento, especialmente en situaciones de fatiga extrema, intoxicación o pérdida de conciencia.
En el caso del consumo por vía inyectada (slamming), compartir material de inyección incrementa el riesgo de transmisión de infecciones como el VIH o las hepatitis víricas.
Identificar las señales de alerta
Reconocer los primeros indicios de una conducta problemática es fundamental para prevenir problemas más graves. Algunas señales de alerta que pueden indicar una pérdida de control o un aumento del riesgo son:
- Necesitar consumir cada vez más sustancias para obtener los mismos efectos.
- Tener dificultades para mantener relaciones sexuales sin consumir.
- Experimentar episodios de paranoia, angustia o sobredosis.
- Notar que el consumo afecta al trabajo, los estudios, las relaciones o a otros aspectos de la vida cotidiana.
- Empezar a consumir en solitario.
- Utilizar sustancias por vía inyectada (slamming).
Cuando la conducta deja de estar bajo control y empieza a condicionar las decisiones de la persona, es recomendable buscar ayuda profesional.
Ante cualquier duda o malestar, consultar con equipos especializados en adicciones y salud sexual puede facilitar una detección precoz y un abordaje adecuado.
¿Qué hacer en caso de emergencia?
Si una persona se encuentra inconsciente, no responde o presenta una respiración lenta, irregular o dificultosa, es importante llamar inmediatamente al 112.
Mientras llegan los servicios de emergencia se recomienda tomar estas medidas:
- Situar a la persona en posición lateral de seguridad.
- Evitar que permanezca sola.
- Mantener una vigilancia continua de la respiración
- No administrar más sustancias ni bebidas.
Una respuesta integral ante una realidad compleja
El abordaje de las situaciones problemáticas relacionadas con el chemsex ha evolucionado hacia modelos más integrales y menos estigmatizadores. El objetivo no es juzgar a las personas, sino comprender el contexto, detectar precozmente los posibles riesgos y ofrecer apoyo adaptado a cada situación.
Comprender las circunstancias que rodean esta práctica, identificar las señales de riesgo y facilitar el acceso temprano a los recursos sanitarios puede marcar una diferencia importante en el bienestar de las personas afectadas. Ante una realidad compleja, combinar conocimiento, prevención, escucha y acompañamiento sigue siendo una de las estrategias más eficaces para promover la salud y el bienestar.
La experiencia del Clínic: un abordaje integral
La Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clínic de Barcelona alerta de la aparición de nuevos patrones de consumo y de la necesidad de adaptar constantemente la respuesta asistencial. El último informe de toxicología detectó 233 casos de nuevas sustancias psicoactivas. Entre ellas destacan las catinonas sintéticas, como la metilmetcatinona y la clorometcatinona, sustancias utilizadas con frecuencia durante las sesiones de chemsex.
Los profesionales remarcan que la respuesta más eficaz es aquella que integra la atención a las adicciones, la salud sexual, la salud mental, las urgencias y otras necesidades sociales y sanitarias dentro de un mismo circuito asistencial.
INFORMACIÓN DOCUMENTADA POR:
Dr. Emilio Salgado, Servicio de Urgencias. Unidad de Toxicología Clínica. Hospital Clínic Barcelona.
