Clínic Barcelona
ENTREVISTA

Dra. Lluïsa Garcia Esteve: “La violencia sexual provoca enfermedad a corto, medio o largo plazo”

Entrevista a la Dra. Lluïsa Garcia Esteve, psiquiatra y presidenta de la Comisión de Violencia Intrafamiliar y de género

¿Cuál es la situación de la violencia sexual en Cataluña en estos momentos?

La violencia sexual en estos momentos está mucho más visualizada. Hay una sensibilidad social diferente y, además, se está entendiendo que la violencia sexual ya no solo es un hecho que pasa a algunas mujeres en situación vulnerable, sino que es un fenómeno que lo pueden sufrir todas las mujeres. Los agresores, que siempre son hombres, pueden ser personas muy próximas. Antes la figura del violador acosador era una figura lejana y ahora vemos que puede ser el marido, un amigo, un familiar de la víctima... Un 25% de las mujeres sufren, en algún momento de su vida, una agresión sexual. Los abusos sexuales a menores también son un fenómeno que cada vez vemos más y nos preocupa. También tenemos que tener presente que el 85% de los abusos sexuales a menores se dan en el ámbito familiar.

Un 25% de las mujeres sufren, en algún momento de su vida, una agresión sexual. Los abusos sexuales a menores también son un fenómeno que cada vez vemos más y nos preocupa

¿Qué diferencia hay entre violación y agresión sexual?

Es importante diferenciar una de la otra. La violación es un tipo de agresión sexual. La violación comporta penetración vaginal, anal u oral o, incluso, de objetos; y, en la agresión sexual, no siempre hay penetración. Pueden ser tocamientos o ciberacosos, para poner un ejemplo. Los abusos sexuales serían todas aquellas conductas perpetradas con cierto engaño o amenaza por parte de alguien con superioridad o autoridad sobre la víctima. Otro tipo de agresión sexual es la mutilación genital femenina; que son las intervenciones donde se extirpa el clítoris y/o los genitales femeninos, sobre todo, en la religión musulmana. Los matrimonios forzados serían otro tipo de agresión sexual.

Hace 30 años que se creó la comisión de violencia intrafamiliar y de género del Clínic. ¿Qué balance haces?

El balance es indudablemente positivo y es gracias a los profesionales implicados y a la dirección del Hospital. Hace 30 años, en el área de Urgencias del Clínic empieza a haber una inquietud del personal asistencial de como atender bien a mujeres expuestas a la violencia machista. En aquel momento, no se sabía mucho y no se hablaba mucho. Se vio que se tenía que dar un respuesta integral y adecuada. Se quería dar una respuesta a las heridas físicas (quemaduras, heridas, golpes, hematomas, arranques de pelo...), y también una respuesta a la situación de maltrato puesto que entendemos que la salud también queda afectada después de una agresión. La exposición a la violencia va minando la salud de las mujeres y las va poniendo en riesgo y, a veces, en peligro de muerte.

Hace 30 años que el personal, mayoritariamente del área de urgencias, de enfermería, de trabajo social, de medicina interna, psiquiatría, cirugía, ginecología, enfermedades infecciosas, crearon esta comisión e, incluso, el director de Urgencias de aquel momento, el Dr. Millà, se implicó en la comisión y fue el presidente hasta que se jubiló. Este impulso de profesionales asistenciales de primera línea recibió el reconocimiento institucional de la dirección y de gran parte de la organización y que todavía tenemos y agradecemos.

Pero no se puede ‘luchar’ solos contra esta lacra...

La comisión empezó a trabajar en red con un modelo que tiene cura de no ser revictimizador validando el discurso, atendiendo las necesidades que pueden surgir. Muy pronto, el trabajo de la comisión se centró en crear un protocolo integral a la violencia sexual que se pudiera ofrecer 365 días el año, 24 horasal día en la ciudad de Barcelona.

Al cabo de un tiempo, la comisión trabajó con agentes externos como el Instituto de Medicina Legal y Forense o las unidades de atención a la víctima de los Mossos de Esquadra, la oficina de atención a la víctima del Departamento de Justicia, y, con varias asociaciones que asesoraban jurídicamente a estas mujeres. Son agentes clave en todo el proceso. Además, nos implicamos desde su inicio en el circuito de ‘Barcelona contra la violencia’ liderado por el Ayuntamiento de Barcelona y el Consorcio Sanitario de Barcelona.

La clave, pero, está en las secuelas físicas y psicológicas que pueden tener estas mujeres...

En 2004, profesionales de psiquiatría de la comisión nos damos cuenta de que la atención a urgencias era muy completa, pero que no había un seguimiento idóneo desprendido de la agresión, una vez la mujer se había dado de alta. Así nacieron los programas de seguimiento de psiquiatría y de enfermedades infecciosas.

Los problemas de salud mental son la secuela más frecuente en las mujeres que han sufrido una agresión sexual. Los síntomas pueden aparecer en el mismo momento o al cabo de semanas o, incluso, meses. Sabemos, por un estudio propio, que el 60% de las mujeres que han sufrido una agresión presentarán sintomatología psíquica susceptible de intervención un mes después de la agresión. Se hace muy necesario impulsar investigación en esta área para conocer mejor esta situación y las terapias que hay que aplicar por la recuperación de la salud psíquica.

Los problemas de salud mental son la secuela más frecuente en las mujeres que han sufrido una agresión sexual. Los síntomas pueden aparecer en el mismo momento o al cabo de semanas o, incluso, meses

La violencia sexual provoca otras enfermedades, por lo tanto...

La violencia sexual provoca enfermedad a corto, medio o largo plazo. Las agresiones sexuales representan una amenaza por la integridad y son una vivencia traumática que lleva al organismo a reaccionar ante un estrés intenso provocando diferentes síntomas y disfunciones que pueden ser leves o graves. Como el trastorno de estrés postraumático, la depresión, la ansiedad, el consumo de sustancias, problemas para dormir, autolesiones... Una agresión sexual puede suponer una fractura en tu día a día con cambios en los hábitos, la relación con los otros, la actividad cotidiana; y cambios en la salud y calidad de vida. También en el funcionamiento laboral, social y personal... Una agresión sexual se tiene que evaluar y se tiene que tratar psicológicamente y psiquiátricamente, porque tiene que ser atendida y, de manera urgente y precoz, se tienen que evaluar las consecuencias y el impacto sobre la salud y el funcionamiento puesto que puede provocar un alto nivel de disfuncionalidad, sufrimiento e incapacidad.

¿Se pide ahora más ayuda que antes?

Ahora hay más sensibilidad social con que la víctima de una agresión sexual tenga que pedir ayuda profesional para recuperar su salud. Las mujeres que han sufrido una situación traumática tienden a evitar revivir la situación y, por lo tanto, evitan pedir ayuda. Para ellas, volver al Hospital es recordar aquel capítulo negro de su vida. En nuestro programa de recuperación a las secuelas psíquicas hemos creado un circuito proactivo para vincularlas lo más rápido posible y prevenir la consolidación de síntomas postraumáticos. El 30% de las víctimas agredidas sexualmente y atendidas en el Clínic se vinculan en los programas de seguimiento justo después de la agresión.

¿La COVID como ha afectado a estas mujeres?

Es evidente que el confinamiento del 2020 provocó que menos mujeres vinieran a Urgencias, pero la pandemia de la COVID-19 ha cambiado el perfil de las agresiones. Antes, las agresiones se cometían en un contexto de discotecas, fiestas, ocio... En cambio, durante el confinamiento, crecieron el porcentaje de las agresiones en el contexto de violencia de pareja y que tenían lugar en el domicilio. Ahora, sin toque de queda y con pocas limitaciones volvemos a atender unas 8-10 mujeres cada semana, de media, en Urgencias.

¿Las autoridades sanitarias son conscientes, realmente, de este problema? ¿Se lo creen? 

Las autoridades sanitarias han apoyado y reconocido el programa. El primer acto que hizo la exconsellera Vergés cuando la nombraron fue venir al Clínic a conocer de primera mano lo que estaba haciendo todo el equipo de Urgencias de atención a la violencia sexual. El Departamento ha financiado parte de nuestro programa, ciertamente, y también han reconocido y acreditado nuestros programas de atención a urgencias y de seguimiento como buenas prácticas en la atención a la violencia machista en el ámbito de la salud.

Sin embargo, seguimos necesitando mejorar la atención y recuperación de la salud, especialmente mental, de estas víctimas puesto que queda comprometida después de una agresión. Hace falta una visión más global de todo el proceso sanitario y judicial para ofrecer una respuesta adecuada asistencial, formativa, de investigación, y de creación de servicios y equipos de salud especializados que trabajen de manera colaborativa con las redes específicas de atención a la violencia machista. Nos hace falta una estrategia conjunta de país, un Plan Nacional, con todos los agentes implicados.

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