La paciente sabía que algo había cambiado cuando empezó a notar que no veía igual. Con el tiempo, la pérdida de visión se fue haciendo más evidente hasta el punto de tener que modificar hábitos que antes formaban parte de su rutina.
"Lo que he perdido de visión entiendo que ya no se recuperará. En poco tiempo he perdido mucha visión y eso te obliga a cambiar ciertas cosas de tu día a día", explica Vanesa, paciente con glaucoma.
Actualmente, ha dejado de ir en moto porque no se siente segura y evita llevar auriculares cuando camina por la calle. "Si no oigo una ambulancia o un coche, no tengo tiempo de reaccionar porque hay una parte por donde ya no veo", recuerda.
Además de las limitaciones en la movilidad, la enfermedad también ha afectado a su vida personal y profesional.
