En el trabajo, en el que han participado investigadores del Clínic-IDIBAPS, se han examinado datos de los registros de salud de Finlandia y Suecia que incluyen a más de 200.000 personas con trastorno depresivo mayor en tratamiento antidepresivo de mantenimiento.
Los resultados son claros: más de un tercio de los pacientes de la práctica clínica real no cumplían los criterios de inclusión de los ensayos clínicos habituales, que suelen excluir a personas con comorbilidades médicas, otros trastornos psiquiátricos o consumo de sustancias. En algunos casos, esta proporción era incluso superior cuando se aplicaban definiciones más amplias de enfermedad somática.
Según el estudio, los pacientes que quedarían excluidos de los ensayos clínicos presentan más del doble de riesgo de hospitalización psiquiátrica, intento de suicidio o muerte durante los seis meses de seguimiento, en comparación con aquellos que sí serían elegibles.
Para Joaquim Raduà, responsable del grupo de investigación Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad (IMARD) del IDIBAPS y coautor del trabajo, estos resultados evidencian un problema estructural: “Los ensayos clínicos son esenciales, pero a menudo excluyen a los pacientes más complejos, que también tratamos a diario y que con frecuencia tienen necesidades menos cubiertas. Esto hace que las guías clínicas se basen en datos que, en parte, no reflejan la realidad de muchas de las personas con depresión, lo que puede limitar la adaptación de los tratamientos a la realidad de los pacientes más vulnerables”.
Según Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Clínic y responsable del grupo Trastornos bipolares y depresivos del IDIBAPS, “recomendamos diseñar ensayos con criterios de inclusión menos restrictivos, ampliar los períodos de seguimiento e integrar de forma sistemática datos de la práctica clínica real para asegurar que las recomendaciones clínicas sean aplicables a la diversidad de pacientes que presentan depresión mayor”.
