El ictus puede aparecer porque una arteria del cerebro se obstruye o porque un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia. Sigue siendo la segunda causa de muerte en el mundo y la primera causa de discapacidad adquirida en adultos. Aun así, las últimas décadas han estado marcadas por importantes avances gracias a tratamientos como la trombólisis intravenosa y la trombectomía mecánica, que permiten restaurar el flujo sanguíneo cerebral en pacientes con ictus isquémico cuando se administran a tiempo. Por ello, la rapidez en el diagnóstico y el tratamiento es clave para mejorar el pronóstico de los pacientes. Pero hay otra lección igualmente importante: para mejorar la atención, primero hay que medirla.
Para garantizar esta respuesta rápida, Cataluña puso en marcha en 2006 el Código Ictus, una red coordinada entre el Sistema de Emergencias Médicas y los hospitales especializados que ha contribuido de forma decisiva a mejorar la atención a esta emergencia médica.
La importancia de medir
En medicina, mejorar implica primero medir. Esta es una de las principales aportaciones del Registro de Códigos Ictus de Cataluña (CICAT). Durante diez años, recogió de forma sistemática datos clínicos y asistenciales de los casos atendidos en todo el territorio. Estos datos han permitido evaluar resultados, identificar oportunidades de mejora y generar conocimiento a partir de la práctica clínica real.
Durante la última década, en el Clínic se han atendido una media de 2,2 activaciones de código ictus al día. En total, esto se traduce en 8.085 códigos ictus registrados, aproximadamente el 11 % del total de casos registrados en Cataluña.
Como centro terciario de ictus con cobertura las 24 horas, el Clínic ofrece todos los tratamientos de reperfusión disponibles, incluida la trombectomía mecánica, para atender los casos más complejos derivados de todo el territorio. Detrás de esta actividad hay un equipo multidisciplinar que trabaja de forma coordinada para reducir al máximo los tiempos de atención.
Los datos confirman el valor de la rapidez
Los datos acumulados durante estos años refuerzan una idea que los profesionales del ictus conocemos bien: actuar rápidamente marca la diferencia. Según los datos del CICAT, el Clínic presenta tiempos de tratamiento inferiores a la media de los centros terciarios de Cataluña, con un tiempo puerta-aguja de 26 minutos en la trombólisis intravenosa y un tiempo puerta-punción de 61 minutos en la trombectomía mecánica. De hecho, los datos del CICAT sitúan al Clínic con los mejores resultados globales entre los centros terciarios de ictus de Cataluña en indicadores clave como la rapidez de acceso al tratamiento, la recuperación funcional y la mortalidad, tanto en trombólisis como en trombectomía. Pero más allá de las cifras, lo relevante es lo que representan: más posibilidades de recuperación, menos discapacidad y una mejor calidad de vida para muchas personas.
Alcanzar estos resultados es especialmente relevante en un centro terciario que atiende algunos de los casos de ictus más complejos. Detrás hay un trabajo coordinado de neurología, urgencias, enfermería, radiología, anestesia, neurocirugía y otros equipos, junto con el SEM y los hospitales del territorio de referencia. Y estos resultados nos estimulan a seguir mejorando.
Datos que también generan conocimiento
El CICAT no solo ha servido para evaluar la calidad asistencial. También se ha convertido en una herramienta muy valiosa para impulsar la investigación clínica. Los datos del registro han permitido desarrollar estudios sobre el impacto de la pandemia en la atención al ictus, el valor pronóstico de la recuperación neurológica precoz, la eficacia de la trombectomía en diferentes perfiles de pacientes, incluso aquellos con ictus graves que anteriormente no se consideraba que pudieran mejorar con el tratamiento, o los retos en la detección prehospitalaria de los casos de ictus.
El principal legado del CICAT es haber demostrado que la calidad asistencial puede medirse de forma rigurosa y transparente. Y que estos datos no son solo números: son una herramienta para entender qué funciona, qué puede mejorarse y cómo ofrecer una mejor atención a las personas con ictus. Debemos preservar la calidad y la continuidad de la información, porque medir la actividad de manera rigurosa sigue siendo una de las mejores formas de mejorarla. Y es necesario ampliar la mirada a la vida después del ictus: la fatiga, las dificultades cognitivas, el retorno al trabajo y la calidad de vida. El seguimiento debe permitir conocer mejor estas necesidades y organizar el apoyo que requieren.
