¿Por qué a tantas personas les cuesta pedir ayuda cuando algo no va bien?
El principal obstáculo no es médico, sino cultural. Existe una vinculación histórica entre la virilidad y el rendimiento sexual. Muchos hombres sienten una presión por cumplir con una actividad sexual poco realista. Admitir un problema en este ámbito se vive como una pérdida de masculinidad, lo que genera vergüenza y miedo al juicio.
Además, existe una tendencia social a la exageración positiva del rendimiento, mientras se esconden las vulnerabilidades. Esto crea una falsa percepción de normalidad, donde "todo el mundo funciona menos yo", alimentando el tabú y retrasando la visita al especialista, a menudo durante años.
Un problema de salud sexual puede indicar un problema de salud general
Cuando un hombre presenta problemas de salud sexual, especialmente la disfunción eréctil, puede ser un indicador precoz de problemas de salud cardiovascular. Las arterias del pene son más pequeñas que las coronarias, por tanto, si se obstruyen por colesterol, hipertensión o diabetes, los problemas de erección pueden aparecer mucho antes que los síntomas cardíacos.
La disfunción eréctil ofrece una "ventana de oportunidad" de entre dos y cinco años para detectar y tratar enfermedades cardiovasculares antes de que se produzca un infarto o un ictus. Por eso, consultar por un problema de erección no es sólo una cuestión de calidad de vida sexual, sino también de prevención y salud a largo plazo.
El impacto del cáncer de próstata y su tratamiento en la salud sexual
El cáncer de próstata y sus tratamientos, como la cirugía radical, pueden acarrear secuelas como la incontinencia urinaria y una disfunción eréctil que, en algunos casos, puede ser irreversible debido al daño a los nervios erectores. Además, la extirpación de la próstata y de las vesículas seminales implica la pérdida de la eyaculación.
Sin embargo, esto no significa necesariamente el fin de la vida sexual. Aunque la sexualidad cambie, el cariño, el deseo y la capacidad de orgasmo se pueden mantener. Con apoyo médico y una buena adaptación emocional, es posible encontrar soluciones para recuperar la intimidad y gozar de una sexualidad satisfactoria dentro de la nueva realidad.
¿Qué opciones existen cuando las soluciones habituales no funcionan?
Cuando los cambios de hábitos y fármacos orales no son efectivos o están contraindicados, existen alternativas terapéuticas eficaces. Entre ellas se encuentran las inyecciones intracavernosas y los dispositivos de vacío. En los casos más severos o irreversibles, la opción definitiva puede ser la prótesis de pene.
Contrariamente a la creencia popular, las prótesis modernas son sistemas hidráulicos de tres componentes que quedan completamente ocultos dentro del cuerpo. Permiten conseguir una erección rígida cuando el paciente lo desea, mantenerla el tiempo necesario y volver posteriormente a la flacidez, sin alterar la sensibilidad ni la capacidad de orgasmo. Es una solución mecánica para un problema mecánico, con elevados índices de satisfacción.