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¿Tener una enfermedad autoinmune aumenta la susceptibilidad de coger la COVID-19?

En las personas con enfermedades como el lupus o la artritis reumatoide el sistema inmune no funciona de manera correcta y ataca a las células del propio cuerpo. Es por ello que se les administra medicación inmunodepresores. La suma de estos dos factores hace que estas personas sean más vulnerables a coger infecciones. ¿Ocurre lo mismo en el caso de la COVID-19?

Las personas con enfermedades autoinmunes se han descrito como población con mayor riesgo de contraer infecciones. Esto se debe, en primer lugar, a la propia alteración que las diferentes enfermedades autoinmunes provocan en el sistema inmunológico y, en segundo lugar, y más importante, a los fármacos inmunodepresores que se utilizan en el tratamiento de la mayoría de estas enfermedades. Para saber si realmente estos pacientes tienen un mayor riesgo de tener la COVID-19 o de desarrollar sus formas más graves, se deben analizar los datos de los estudios publicados hasta ahora.

En cuanto al riesgo de contagio, lo que se ha observado hasta ahora indica que el porcentaje de enfermos de COVID-19 que tenían una enfermedad autoinmune es muy bajo (alrededor del 1%). Con estos datos es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, pero todo indica que el riesgo de contagiarse de la COVID-19 depende más del correcto seguimiento de las medidas de distanciamiento social, el buen uso de las mascarillas y del lavado de superficies y de manos, que de tener algún tipo de enfermedad autoinmune.

Además, el tratamiento inmunodepresor también se ha asociado a un aumento del riesgo de tener una infección, ya que dificultaría la eliminación del virus por parte de las células del sistema inmunológico. Se podría pensar, pues, que en la situación actual lo mejor sería abandonar el tratamiento inmunodepresor. Pero, de hecho, los estudios demuestran todo lo contrario: sería más grave el riesgo de rebrote de la propia enfermedad autoinmune que no el riesgo de coger una infección. Por lo tanto, una de las recomendaciones más claras es la de que los pacientes no abandonen su tratamiento de base.

Otro aspecto que todavía se está investigando en personas con enfermedades autoinmunes es el riesgo de presentar una forma grave de la infección por COVID-19. El coronavirus es capaz de producir una neumonía y desencadenar una fase de inflamación muy importante. Esto ocurre aproximadamente en un 20% de los pacientes infectados. Esta reacción puede dar lugar a un fallo de diferentes órganos que obliga al ingreso del paciente en una unidad de cuidados intensivos y, en algunos casos puede provocar la muerte. Algunos artículos indican que el pronóstico de los pacientes con enfermedad autoinmune es similar al de la población general del mismo sexo y edad. Aunque otras fuentes de información, como el registro COVID-19 Global Rheumatology Alliance, indican lo contrario. Este registro incluye información de más de 800 pacientes con enfermedad autoinmune y COVID-19 procedentes de todo el mundo. De sus datos se puede extraer que la mortalidad en estos pacientes se sitúa en torno al 9%, una cifra superior a la registrada en la población general. Sin embargo, se necesitan análisis más detallados para saber qué papel juegan otros factores como la edad, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares en esta cifra.

Otro aspecto para destacar que relaciona las enfermedades autoinmunes y la COVID-19 es que algunos de los fármacos que se utilizan para tratar el virus se utilizan también en algunas enfermedades autoinmunes, como la hidroxicloroquina, los corticoides o el tocilizumab. En el caso de la hidroxicloroquina, que toman muchos pacientes con lupus eritematoso sistémico, parece que en estudios de laboratorio habría demostrado actividad antivírica impidiendo la entrada del SARS-CoV-2 en el interior de las células. Desgraciadamente, las evidencias de su eficacia en pacientes infectados son contradictorias. También se están llevando a cabo estudios que intentan demostrar la eficacia de este fármaco para prevenir la infección en personal sanitario. Se podría pensar, pues, que los pacientes con enfermedad autoinmune que están en tratamiento con hidroxicloroquina, corticoides o tocilizumab estarían protegidos del desarrollo de las formas más graves de la infección. Pero, por ahora, no hay suficientes evidencias para confirmar o descartar esta hipótesis.

Por tanto, hoy en día, las recomendaciones que se pueden hacer a las personas con alguna enfermedad autoinmune son mantener las medidas generales de distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado frecuente de manos. Además, no deben abandonar el tratamiento inmunodepresor de base y, en caso de sospecha de infección por coronavirus, deben ponerse en contacto con su médico, que les dará las instrucciones más adecuadas en cada caso.

Autores: Dr. Gerard Espinosa, médico internista y Dr. Ricard Cervera, jefe del Servicio de Enfermedades Autoinmunes del Hospital Clínic de Barcelona