Cuando pensamos en la enfermedad de Alzheimer, a menudo la relacionamos directamente con las pérdidas de memoria. Aunque este es el síntoma más frecuente y conocido, la realidad es más compleja. De hecho, especialmente en personas más jóvenes, el Alzheimer puede comenzar con manifestaciones diferentes que a menudo no se identifican con la enfermedad, lo que provoca un retraso en el diagnóstico.
Esta enfermedad es la causa más frecuente de demencia, un conjunto de trastornos que afectan a las funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje, la orientación o la capacidad de tomar decisiones. En Cataluña, la demencia afecta aproximadamente a 64 personas por cada 1.000 habitantes y cada año se diagnostican 13,7 casos nuevos por cada 1.000 habitantes. Además, su frecuencia aumenta con la edad y es más habitual en las mujeres.
El Alzheimer no siempre comienza con problemas de memoria
En las personas que manifiestan los síntomas del Alzheimer después de los 65 años, la pérdida de memoria es el primer síntoma en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, cuando la enfermedad aparece antes de esta edad, los signos iniciales pueden ser diferentes. Algunos de los primeros síntomas pueden ser:
- Dificultades en el lenguaje, por ejemplo, problemas para encontrar las palabras adecuadas o seguir una conversación.
- Problemas de orientación o alteraciones visuales, que pueden dificultar la interpretación del espacio o de los objetos.
- Cambios de comportamiento o de personalidad, que afectan a la manera habitual de actuar o relacionarse.
Como estos síntomas son menos conocidos, a menudo no se relacionan inicialmente con una enfermedad neurodegenerativa, lo que puede retrasar el diagnóstico.
¿Por qué es tan importante un diagnóstico precoz?
No todas las demencias son iguales. Además del Alzheimer, existen otros tipos, como la demencia con cuerpos de Lewy, la demencia frontotemporal o la demencia vascular. Identificar correctamente la causa de los síntomas es esencial para ofrecer el mejor tratamiento y planificar adecuadamente el futuro de la persona afectada y de su entorno.
Actualmente, ante la sospecha de un deterioro cognitivo, los especialistas realizan una valoración completa que incluye la entrevista clínica con el paciente y los familiares, una exploración neurológica, pruebas neuropsicológicas, análisis de sangre y estudios de imagen cerebral. En los últimos años, además, los biomarcadores específicos de la enfermedad han adquirido un papel clave en el proceso diagnóstico.
Un análisis de sangre para detectar el Alzheimer
Una de las grandes revoluciones en este campo es la aparición de los biomarcadores plasmáticos, es decir, la medición de proteínas mediante un simple análisis de sangre.
Hasta hace poco, la detección de los cambios biológicos propios de la enfermedad requería pruebas más complejas, como la punción lumbar o técnicas avanzadas de neuroimagen de medicina nuclear. Los nuevos análisis de sangre ofrecen ventajas importantes.
Ventajas del análisis de sangre para diagnosticar el Alzheimer:
- Mayor disponibilidad en la práctica asistencial.
- Menos invasivo que la punción lumbar.
- Menor coste respecto a otras técnicas diagnósticas.
- Posibilidad de repetirlo periódicamente.
- El objetivo es conseguir un diagnóstico precoz, es decir, identificar la proteína responsable del deterioro cognitivo cuando los síntomas todavía son leves.
Una enfermedad silenciosa durante muchos años
Los estudios actuales indican que las alteraciones biológicas relacionadas con el Alzheimer pueden comenzar entre 10 y 15 años antes de los primeros síntomas visibles. Durante este periodo, la enfermedad avanza de manera silenciosa en el cerebro.
Este conocimiento está transformando la manera de entender la enfermedad y abre la puerta a intervenir en fases mucho más iniciales, cuando los tratamientos podrían ser más efectivos. Actualmente, sin embargo, el estudio de estas fases asintomáticas solo se realiza en el contexto de la investigación.
En esta línea, el Hospital Clínic Barcelona y el IDIBAPS impulsan el proyecto CONNECTA, una iniciativa de investigación que trabaja para mejorar la detección precoz del Alzheimer y otras demencias mediante nuevos biomarcadores, herramientas de cribado y tratamientos innovadores. El objetivo es identificar la enfermedad en fases iniciales y mejorar la atención a las personas afectadas y a sus familias.
Nuevos tratamientos y prevención: dos vías de esperanza
La investigación en Alzheimer está avanzando rápidamente. Algunos de los nuevos fármacos desarrollados en los últimos años han demostrado la capacidad de ralentizar la progresión de la enfermedad en personas seleccionadas con fases iniciales de Alzheimer. En algunos estudios clínicos se ha observado una reducción de la progresión de aproximadamente el 27 %.
Pero la prevención sigue siendo una herramienta fundamental. Aunque la edad continúa siendo el principal factor de riesgo para desarrollar una demencia, existen diversos factores modificables sobre los que podemos actuar:
Factores de riesgo de demencia que se pueden prevenir
- Controlar la hipertensión arterial.
- Prevenir y tratar la diabetes.
- Evitar el tabaquismo.
- Mantener un peso saludable y prevenir la obesidad.
- Practicar actividad física de manera regular.
- Detectar y tratar la pérdida auditiva.
- Favorecer las relaciones sociales y evitar el aislamiento.
- Reducir el consumo de alcohol.
- Controlar otros factores cardiovasculares, como el colesterol elevado.
- Evitar traumatismos craneoencefálicos.
Según las estimaciones actuales, la modificación de estos factores de riesgo podría contribuir a prevenir hasta un 45 % de los casos de demencia.
¿Cuál es el futuro del Alzheimer?
El Alzheimer es mucho más que una enfermedad de la memoria. Es un problema de salud y social de primer orden que requiere diagnósticos cada vez más precoces, tratamientos más efectivos y una apuesta decidida por la prevención. Los avances en biomarcadores sanguíneos y en nuevas terapias ofrecen una esperanza real para cambiar el curso de la enfermedad.
INFORMACIÓN DOCUMENTADA POR:
Dr. Albert Lladó, jefe de la Unidad de Alzheimer y otros trastornos cognitivos. Servicio de Neurología, Hospital Clínic Barcelona.
