Las redes sociales han convertido determinados procedimientos médicos en tendencias. Uno de los ejemplos más recientes es el cambio permanente del color de los ojos, que a menudo se presenta como una intervención sencilla y sin riesgos. Sin embargo, los profesionales alertan de que detrás existen riesgos importantes para la salud ocular, algunos de los cuales pueden ser graves e irreversibles.
Todas las técnicas disponibles conllevan riesgos
Actualmente existen tres procedimientos principales para modificar el color del iris con fines estéticos. Se diferencian por el grado de invasión, la eficacia y el perfil de seguridad, pero todos pueden generar efectos adversos. Además, en la mayoría de los casos se aplican fuera de los usos médicos para los que fueron diseñados inicialmente.
Queratopigmentación o tatuaje corneal
La queratopigmentación asistida por láser consiste en crear un pequeño túnel circular en el estroma de la córnea, la capa transparente situada delante del iris, para inyectar pigmentos minerales que simulan el color deseado.
Los estudios describen una buena estabilidad del color con el paso del tiempo. Sin embargo, no se trata de una técnica exenta de riesgos. Se han descrito casos de sensibilidad a la luz, limitaciones del campo visual y pérdida parcial del pigmento. En algunas personas, el resultado puede parecer poco natural, con un impacto estético y psicológico negativo. Además, esta técnica puede dificultar la exploración del interior del ojo en futuras intervenciones quirúrgicas, como la cirugía de cataratas.
Despigmentación del iris con láser
Este procedimiento no añade color, sino que aclara el color natural del ojo. Mediante un láser se elimina el pigmento de la superficie del iris, lo que deja visibles las fibras internas, que habitualmente presentan tonalidades grises o azuladas. Es completamente irreversible. El pigmento eliminado no se recupera.
El cambio es progresivo y a menudo requiere varias sesiones. Presenta, sin embargo, limitaciones importantes: no permite escoger un color concreto, sino únicamente revelar el color natural subyacente. Entre los posibles efectos adversos se ha descrito inflamación del iris y aumento de la presión intraocular. Estos síntomas son graves, requieren tratamientos agresivos y pueden llegar a dejar secuelas irreversibles. Además, todavía no existe evidencia científica sólida sobre su seguridad a largo plazo fuera de entornos clínicos muy controlados.
Implantes de iris cosméticos
Es el procedimiento más controvertido y el que presenta un riesgo más elevado. Consiste en colocar una prótesis de silicona de color delante del iris natural, en la cámara anterior del ojo. Aunque permite un cambio de color inmediato y muy marcado, se asocia a una elevada tasa de complicaciones graves.
Se han documentado casos de glaucoma, inflamación ocular grave, hemorragias internas, cataratas y daños corneales que pueden acabar requiriendo un trasplante de córnea. En muchas personas es necesario retirar el implante, a veces años después de la intervención. Además, estos dispositivos no cuentan con la aprobación de los principales organismos reguladores internacionales.
¿Por qué algunas personas deciden cambiarse el color de los ojos?
Aunque estos procedimientos se desarrollaron inicialmente para tratar alteraciones oculares que afectaban a la visión o al aspecto normal del ojo, actualmente nueve de cada diez personas que se someten a ellos lo hacen por motivos exclusivamente estéticos.
En esta decisión intervienen factores psicológicos y sociales. En algunos casos influyen exigencias profesionales, especialmente en el ámbito de la imagen. En otros, cuestiones identitarias, como el deseo de parecerse a otros miembros de la familia. También pueden intervenir dinámicas sociales, como las preferencias de la pareja o la voluntad de encajar y evitar discriminaciones.
Las redes sociales han tenido un papel determinante en este fenómeno, ya que el relato, a menudo de personas famosas e influencers, tiende a minimizar u ocultar los riesgos reales.
Alternativas seguras para un cambio estético
Para las personas que desean modificar el aspecto de los ojos con el mínimo riesgo posible, las lentes de contacto cosméticas siguen siendo la opción más segura. Históricamente, tanto los cambios estéticos como los trastornos del color del iris se han abordado de forma conservadora con este método.
A diferencia de los procedimientos quirúrgicos, las lentes de colores no alteran de forma permanente la anatomía ocular. Aunque requieren una higiene adecuada y un uso responsable para evitar infecciones, no conllevan riesgos tan graves como los procedimientos descritos anteriormente.
El cambio permanente del color de los ojos puede parecer una opción atractiva desde el punto de vista estético, pero cuando se trata de la salud visual, cualquier decisión debe ir acompañada de información rigurosa, asesoramiento médico especializado y una valoración de los posibles riesgos a corto y largo plazo.
INFORMACIÓN DOCUMENTADA POR:
Dr. Marc Figueras-Roca, Servicio de Oftalmología del Hospital Clínic Barcelona.
