En el Área de Respuesta Inmunitaria a Fármacos e Inmunoalergia del Centro de Diagnóstico Biomédico (CDB) se realiza este estudio en el abordaje de la hipersensibilidad a fármacos (Ref. 54800), la alergia a himenópteros (Ref. 54980),), el estudio de la urticaria crónica (Ref. 55606) y en el diagnóstico de la alergia alimentaria (monitorización de la inducción de tolerancia a alimentos. Ref. 55604).¹
A diferencia de otras pruebas que únicamente detectan sensibilización inmunológica, el TAB permite determinar si dicha sensibilización se traduce en una activación celular efectiva, lo que contribuye a mejorar la precisión diagnóstica y, en muchos casos, a reducir la necesidad de pruebas de provocación que pueden conllevar riesgos para el paciente.
Otra aplicación destacada es el seguimiento de los procesos de inducción de tolerancia, como las inmunoterapias o los protocolos de desensibilización. El TAB permite monitorizar la evolución de la respuesta inmunitaria a lo largo del tratamiento y valorar su eficacia, facilitando una medicina más personalizada y adaptada a las características de cada paciente.
A pesar de su gran potencial, la implementación generalizada del TAB todavía presenta algunos retos. Los principales obstáculos son la falta de protocolos universalmente estandarizados, la variabilidad en los marcadores de activación utilizados, la selección de los controles positivos más adecuados, la necesidad de procesar muestras de sangre fresca y la existencia de individuos denominados “no respondedores”, en los que los basófilos no responden adecuadamente a los estímulos utilizados en la prueba. Estos factores dificultan la comparación de resultados entre centros y limitan su incorporación rutinaria en todos los ámbitos asistenciales.
Más recientemente, el TAB también ha despertado un gran interés en el ámbito de la AlergoOncología², una disciplina que integra conceptos de la alergia y la oncología. En este contexto, la prueba se está consolidando como una herramienta prometedora para evaluar reacciones de hipersensibilidad a medicamentos biológicos y agentes quimioterapéuticos, monitorizar la tolerancia durante procesos de desensibilización e incluso predecir la seguridad de nuevas inmunoterapias antitumorales basadas en IgE.
Además, el TAB puede contribuir a la identificación de biomarcadores, a la estratificación del riesgo de los pacientes y al seguimiento de la efectividad de los tratamientos, aspectos esenciales para avanzar hacia una medicina de precisión tanto en alergia como en oncología. La experiencia acumulada durante años en su uso en alergología ofrece una base sólida para ampliar sus aplicaciones clínicas y de investigación.
Como indica la Dra. Pascal, jefa de la Sección de Inmunoalergia e Hipersensibilidad del Servicio de Inmunología del CDB: “El test de activación de basófilos representa una de las herramientas más prometedoras en la evolución del diagnóstico y monitorización de la enfermedad alérgica. Su capacidad para proporcionar información funcional sobre la respuesta inmunitaria, junto con las nuevas aplicaciones emergentes en oncología, lo convierten en un instrumento de gran valor para el desarrollo de una atención cada vez más segura, precisa y personalizada”.
A pesar de los retos de normalización que aún deben superarse, su potencial clínico y científico permite prever un papel cada vez más importante en la práctica asistencial del futuro.
Bibliografía
- Allergy, 2025; 80:2097–2112. https://doi.org/10.1111/all.16607
