El análisis, que incluye cerca de 340 estudios, muestra que, aunque las intervenciones que implican contacto con la naturaleza se asocian con beneficios claros para la salud mental, la evidencia científica en el contexto específico del cambio climático sigue siendo muy escasa.
Según los resultados del estudio, las intervenciones que implican contacto con entornos naturales, como paseos por espacios verdes, horticultura o incluso exposiciones a naturaleza virtual, se asocian de manera consistente con una reducción de la tensión, la confusión y la fatiga, y con un aumento del bienestar, del estado de ánimo positivo y de la vitalidad.
Sin embargo, cuando el estudio analiza si estas mismas intervenciones han sido evaluadas en situaciones directamente vinculadas a los impactos del cambio climático, como episodios de calor extrema, desastres naturales o degradación ambiental, la conclusión es clara: la evidencia es muy limitada o inexistente. Lo mismo ocurre con las intervenciones psicosociales aplicadas tras riesgos climáticos, para las que la mayor parte de la evidencia disponible es de baja calidad.
Como explica Michele De Prisco, uno de los primeros autores del estudio e investigador del grupo de investigación de Trastornos bipolares y depresivos del IDIBAPS, "sabemos que la naturaleza tiene efectos beneficiosos sobre la salud mental, pero apenas existen estudios que midan si estas intervenciones sirven específicamente para protegernos de los impactos del cambio climático. Es un vacío esencial que hay que llenar".
Para avanzar, los autores señalan tres necesidades prioritarias:
- Realizar más estudios específicos en el contexto del cambio climático, especialmente en poblaciones vulnerables y en países de renta baja y media, donde los riesgos climáticos son más severos y las desigualdades en salud mental más marcadas.
- Generar una base científica sólida que permita orientar de manera informada las políticas públicas, las guías clínicas y las intervenciones preventivas.
- Impulsar estrategias globales coordinadas que integren la salud mental dentro de los planes de adaptación y mitigación climática.
En este sentido, Joaquim Raduà, jefe del grupo de investigación Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad (IMARD) del IDIBAPS, y también autor del estudio, afirma: «Si queremos prepararnos para el impacto que el cambio climático tendrá sobre la salud mental, necesitamos evidencia mucho más sólida y específica. Este estudio marca un punto de partida, pero el camino por recorrer es largo».
Uno de los pasos más relevantes que ya se ha puesto en marcha es la creación de The Lancet Psychiatry Commission on Climate Change and Mental Health, de la que forman parte muchos de los autores de este estudio, incluidos Michele De Prisco, Eduard Vieta y Joaquim Raduà. Esta nueva comisión internacional trabajará para identificar las principales prioridades de investigación, establecer estándares científicos rigurosos y ofrecer recomendaciones concretas para integrar la salud mental en las políticas climáticas globales.
Articulo de referéncia
Brandt L, De Prisco M, Nocera D, et al. Climate-Related and Nature-Based Interventions for Mental Health: An Umbrella Review and Meta-Analysis. JAMA Psychiatry. Published online March 04, 2026. doi:10.1001/jamapsychiatry.2026.0037
