Preguntas frecuentes sobre el síndrome del intestino irritable (SII)

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El SII no se asocia con un aumento del riesgo de cáncer ni con una mayor mortalidad. Se trata de un trastorno benigno, aunque pueda tener impacto en la calidad de vida de quienes la tienen. 

Cuando los síntomas son persistentes o especialmente intensos, es recomendable consultar con un profesional de atención primaria o especialista, ya que existen diferentes opciones terapéuticas que pueden ayudar a mejorar el control de los síntomas.

Sí. Tanto la actividad física como la alimentación pueden influir en la intensidad y frecuencia de los síntomas del SII. La práctica regular de ejercicio físico moderado, como caminar a paso ligero, nadar o montar en bicicleta, puede ayudar a mejorar el tránsito intestinal, reducir el estrés y favorecer el bienestar general, lo que en muchos casos contribuye a aliviar los síntomas digestivos. 

En cuanto a la alimentación, ciertos cambios en los hábitos dietéticos pueden resultar beneficiosos. Evitar comidas copiosas, fraccionar la dieta en varias ingestas al día, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, alcohol, cafeína o algunos edulcorantes puede ayudar a mejorar los síntomas. Además, una dieta baja en FODMAPs puede ser útil para reducir la hinchazón, los gases o las alteraciones del ritmo intestinal. Idealmente, este tipo de dieta debe realizarse bajo supervisión de un profesional de nutrición y de forma transitoria.

Sí. El estrés y las emociones pueden influir en los síntomas del SII debido a la estrecha relación que existe entre el cerebro y el sistema digestivo. Esta relación se conoce como eje intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional mediante la cual el cerebro y el intestino se influyen mutuamente. 

En el SII se ha observado que esta comunicación puede funcionar de forma alterada. Por un lado, los síntomas digestivos —como el dolor abdominal o las alteraciones del ritmo intestinal— pueden aumentar la ansiedad, el estrés o el malestar emocional. Por otro lado, factores psicológicos —como el estrés o la ansiedad— pueden intensificar los síntomas digestivos. Además, cuando los síntomas son persistentes, pueden afectar a la calidad de vida, al rendimiento laboral y al bienestar general, lo que a su vez puede aumentar el estrés y crear un círculo en el que los síntomas digestivos y el malestar emocional se refuerzan mutuamente. 

Por este motivo, en algunos pacientes puede ser útil abordar tanto los síntomas digestivos como los factores emocionales asociados. En determinados casos, estrategias como el manejo del estrés o el apoyo psicológico pueden contribuir a mejorar los síntomas del SII y el bienestar general.

Antes de retirar el gluten de la dieta es importante descartar la enfermedad celíaca. Esta enfermedad puede producir síntomas similares a los del SII, pero su diagnóstico y tratamiento son diferentes.  

En algunos pacientes con SII, la retirada del gluten puede mejorar los síntomas. Sin embargo, la mejoría no se debe al gluten en sí, sino a otros componentes presentes en alimentos que lo contienen. Por ejemplo, el trigo, uno de los principales alimentos con gluten, también es rico en fructanos, un tipo de carbohidrato que forma parte de los FODMAPs y que puede favorecer la aparición de síntomas digestivos en personas susceptibles.

No. En general, no se recomienda estudiar el SIBO de forma rutinaria en todos los pacientes con SII. La realización de estas pruebas suele reservarse para pacientes que presentan factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar SIBO. Entre ellos se incluyen antecedentes de cirugías gastrointestinales, radioterapia abdominal o enfermedades que afectan al intestino delgado y a su motilidad, como algunas enfermedades autoinmunes (por ejemplo, la esclerosis sistémica) o la diabetes. Por ello, la indicación de estas pruebas debe valorarse de forma individual por el profesional sanitario, teniendo en cuenta los síntomas y los antecedentes de cada paciente.

No necesariamente. El tratamiento farmacológico del SII suele utilizarse para controlar los síntomas durante periodos concretos. Dado que el SII suele tener un curso fluctuante, con periodos de mejoría y otros de empeoramiento, muchos pacientes solo necesitan tratamiento durante determinados momentos. En otros casos, los medicamentos pueden utilizarse de forma intermitente o ajustarse según la evolución de los síntomas. 

En algunos pacientes con SII, los profesionales sanitarios pueden prescribir determinados fármacos conocidos como neuromoduladores, entre los que se encuentran algunos medicamentos utilizados también como antidepresivos.

Estos fármacos no se utilizan en el SII para tratar una depresión o ansiedad, sino porque actúan sobre las vías nerviosas que regulan la comunicación entre el intestino y el cerebro. En el SII existe una mayor sensibilidad del sistema digestivo, lo que hace que estímulos normales puedan percibirse como dolor o molestia abdominal.

A dosis más bajas que las empleadas en psiquiatría, estos medicamentos pueden ayudar a reducir la sensibilidad al dolor intestinal, mejorar algunos síntomas digestivos y favorecer el bienestar general. Por ello, forman parte de las opciones terapéuticas utilizadas en determinados pacientes con SII.

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Publicado: 25 de septiembre del 2026
Actualizado: 25 de septiembre del 2026

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