¿Qué es el pie diabético?
El pie diabético es una complicación médica grave asociada a la diabetes. Aparece cuando los niveles elevados de glucosa en sangre, mantenidos durante largo tiempo, dañan los nervios y los vasos sanguíneos de los pies.
Este daño provoca una pérdida progresiva de la sensibilidad, de manera que la persona puede dejar de notar el dolor, el frío o el calor. Como consecuencia, pequeñas lesiones como cortes, ampollas o rasguños pueden pasar desapercibidas.
Además, la mala circulación hace que estas heridas cicatricen con dificultad. Con el tiempo, pueden convertirse en úlceras crónicas, heridas abiertas que pueden persistir durante semanas o meses si no se tratan adecuadamente.
Cuando una herida permanece abierta, el riesgo de infección aumenta. En situaciones graves, la infección puede derivar en gangrena, es decir, la muerte del tejido. En estos casos, puede ser necesaria la amputación de un dedo, del pie o de una parte de la pierna para evitar que la infección comprometa la vida de la persona.
¿Por qué aparece el pie diabético?
La diabetes es una enfermedad en la que los niveles de glucosa en sangre son más elevados de lo que es saludable. Este exceso de azúcar, con el paso del tiempo, daña los nervios y altera la circulación sanguínea.
La combinación de pérdida de sensibilidad y mala irrigación sanguínea crea un círculo vicioso. Las lesiones no se detectan a tiempo y, cuando aparecen, el cuerpo tiene dificultades para repararlas. A menudo, el proceso avanza de manera silenciosa, sin dolor, hasta que el problema ya es grave.
La neuropatía diabética: cuando falla el sistema de alarma
El sistema nervioso actúa como un sistema de alarma natural. Ante un estímulo doloroso, como pisar una piedra o llevar un zapato que hace daño, los nervios envían una señal al cerebro que permite reaccionar y proteger el pie.
En las personas con diabetes, el exceso de glucosa puede dañar estos nervios. Esta alteración, llamada neuropatía diabética, provoca entumecimiento, hormigueo y pérdida de sensibilidad.
Cuando el dolor no se identifica, la persona puede no percibir que tiene una herida, una ampolla o una lesión causada por el calzado. Sin tratamiento, la lesión tiende a empeorar de manera progresiva.
La mala circulación empeora las heridas
La diabetes también puede afectar a las arterias y los vasos sanguíneos, provocando su endurecimiento y estrechamiento. Esta situación se conoce como enfermedad arterial periférica.
La sangre transporta oxígeno y las defensas naturales del cuerpo, necesarias para la cicatrización. Cuando no llega con suficiente fluidez a los pies, las heridas cicatrizan lentamente o no lo hacen. Esto favorece que la herida permanezca abierta y se convierta en un entorno favorable para el crecimiento de bacterias.
¿Cuáles son las fases del pie diabético?
El pie diabético rara vez comienza con una lesión grave. En la mayoría de los casos, la evolución sigue una secuencia progresiva:
- La lesión inicial: aparece un pequeño corte, una ampolla o una callosidad que presiona la piel. A causa de la pérdida de sensibilidad, la persona no nota dolor y no actúa.
- La úlcera (llaga): la piel se rompe y se forma una herida abierta que no cicatriza o lo hace muy lentamente. Una úlcera que no mejora después de una o dos semanas es una señal de alto riesgo.
- La infección: las bacterias entran por la úlcera. Como la circulación es deficiente, las defensas del cuerpo no pueden actuar con eficacia y la infección puede extenderse a los tejidos profundos y al hueso.
- La gangrena: si la infección es muy grave o el flujo sanguíneo queda bloqueado, el tejido deja de recibir oxígeno y muere. La piel puede oscurecerse y aparecer mal olor.
- La amputación: cuando la infección o la gangrena amenazan con extenderse, puede ser necesario amputar un dedo, el pie o una parte de la pierna para preservar la vida de la persona.
La prevención es la clave
La mayoría de los casos graves de pie diabético se pueden evitar con un cuidado adecuado y constante. Las principales recomendaciones son:
- Revisar los pies cada día para detectar cortes, ampollas, enrojecimiento o hinchazón.
- Lavar los pies diariamente con agua tibia y secarlos bien, sobre todo entre los dedos.
- Utilizar calzado cómodo y protector, y evitar caminar descalzo.
- Cortar las uñas con cuidado y consultar al podólogo ante uñas encarnadas o callos.
- Mantener un buen control de la glucosa en sangre.
Más recomendaciones:
Fig.1. Recomendaciones para el cuidado preventivo del pie diabético
Tratamiento del pie diabético complicado
Cuando ya existen úlceras o infecciones, el tratamiento debe ser inmediato y coordinado por un equipo multidisciplinar. Puede incluir:
- Limpieza y curación de las heridas, muchas veces con materiales especializados que favorecen la cicatrización.
- Tratamiento con antibióticos cuando hay infección.
- Descarga del pie, para reducir la presión sobre la zona afectada mediante dispositivos específicos o reposo.
- Revascularización: en casos de mala circulación, puede ser necesario abrir las arterias bloqueadas mediante técnicas como la angioplastia o la cirugía para que la herida pueda cicatrizar.
- Cirugía: en lesiones graves, puede ser necesario retirar tejido dañado o, en casos extremos, realizar una amputación parcial.
El pie diabético es una condición seria, pero en muchos casos prevenible. Ante cualquier herida en el pie de una persona con diabetes, la consulta precoz con un profesional de la salud es fundamental. Cuanto antes se inicia el tratamiento, más posibilidades hay de evitar complicaciones y preservar el pie.
