Vivir con Insuficiencia Renal Crónica
Adoptar un estilo de vida saludable es una parte esencial del cuidado de las personas con enfermedad renal crónica (ERC). Los hábitos saludables ayudan a mejorar el control de la enfermedad, a reducir el riesgo de complicaciones, especialmente cardiovasculares, y a mantener una mejor calidad de vida a largo plazo.
Las principales recomendaciones incluyen:
No fumar, ya que el tabaco acelera la progresión del daño renal y aumenta de forma significativa el riesgo cardiovascular.
Mantener un peso adecuado, mediante una alimentación equilibrada y actividad física regular, para reducir la sobrecarga sobre el riñón y el sistema cardiovascular.
Controlar la ingesta de sal, limitando el consumo de alimentos procesados y preparados, para favorecer un mejor control de la presión arterial y evitar la retención de líquidos.
Mantener una actividad diaria regular, adaptada a la capacidad de cada persona, evitando el sedentarismo y promoviendo la movilidad.
Seguir controles médicos periódicos, que permiten detectar de forma precoz posibles complicaciones y ajustar el tratamiento de manera individualizada.
Mantener un ritmo de sueño regular.
Tomar la medicación según indicación.
Mantener una comunicación fluida con familiares y cuidadores.
El compromiso con estos hábitos, junto con el seguimiento por parte del equipo sanitario, forma parte de un abordaje integral y preventivo de la ERC, centrado en la salud global y el bienestar de la persona.
La nutrición es un pilar fundamental en el manejo integral de la enfermedad renal crónica (ERC). Los riñones desempeñan un papel esencial en la regulación del equilibrio de agua, minerales y productos de desecho; cuando su función disminuye, es necesario adaptar la alimentación para reducir la progresión del daño renal, prevenir complicaciones y mantener un buen estado nutricional. Una alimentación adecuada, individualizada y supervisada por profesionales especializados, contribuye de forma decisiva al control de los síntomas y a la mejora de la calidad de vida de las personas con ERC.
Los aspectos a tener en cuenta de la alimentación en la ERC son los siguientes:
Aporte energético. Es fundamental asegurar un aporte calórico adecuado para evitar la pérdida excesiva de peso, la debilidad muscular y la malnutrición, especialmente en fases avanzadas de la enfermedad.
Proteínas. La cantidad de proteínas debe ajustarse al estadio de la ERC:
Sodio (sal). La reducción del sodio es clave para el control de la presión arterial y para evitar la retención de líquidos, el edema y la sobrecarga cardiovascular.
Potasio. El consumo de potasio debe ajustarse de forma individual según los resultados analíticos y el estadio de la enfermedad. En fases avanzadas, puede ser necesario limitar los alimentos ricos en potasio para prevenir la hiperpotasemia.
Fósforo. Es importante moderar la ingesta de fósforo para prevenir alteraciones óseas y cardiovasculares. Se recomienda reducir el consumo de lácteos y alimentos procesados, priorizando alimentos frescos y naturales.
Líquidos. La ingesta de líquidos debe adaptarse a cada paciente, especialmente en personas en hemodiálisis, para evitar la sobrecarga hídrica y sus complicaciones.
La educación nutricional continuada y el seguimiento periódico permiten ajustar la dieta a la evolución de la enfermedad y a las necesidades individuales, formando parte esencial de una atención integral y personalizada en la ERC.
- Pukono: herramienta para identificar alimentos adecuados según contenido de potasio y fósforo. Fundación Althaia- Barcelona.
- RecuerdaMed: permite controlar la medicación, registrar horarios y detectar duplicidades.
La práctica regular de ejercicio físico es una herramienta fundamental en el manejo integral de la enfermedad renal crónica (ERC). Contribuye a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la movilidad, la calidad del sueño y el bienestar emocional.
Las personas con ERC, el ejercicio ayuda además a reducir los factores de riesgo cardiovascular, a mantener la autonomía funcional y a mejorar la tolerancia a las actividades de la vida diaria.
La actividad física adaptada y regular aporta múltiples beneficios:
- Incremento de la fuerza y resistencia muscular, favoreciendo la movilidad y la independencia.
- Disminución de la sensación de fatiga y mejora de la capacidad funcional.
- Mejor control de la presión arterial y del perfil cardiovascular.
- Reducción del riesgo de caídas, al mejorar el equilibrio y la coordinación.
- Mejora del estado de ánimo y del bienestar emocional, reduciendo el estrés y los síntomas de ansiedad o depresión.
El ejercicio debe adaptarse a la edad, el estadio de la ERC y la situación clínica de cada persona. De forma general, se recomienda:
- Caminar a diario, idealmente entre 30 y 45 minutos, ajustando el ritmo a la tolerancia individual.
- Reducir el sedentarismo, incorporando actividad en la rutina diaria, como subir escaleras o realizar pausas activas.
- Entrenamiento de fuerza entre 2 y 3 veces por semana, con ejercicios sencillos para grandes grupos musculares.
- Actividades aeróbicas, como caminar a paso ligero, montar en bicicleta o nadar, siempre que no existan contraindicaciones.
- Valoración y supervisión médica previa en pacientes frágiles, con comorbilidades importantes o con limitaciones funcionales.
La incorporación del ejercicio físico de forma progresiva y segura forma parte de una atención integral y centrada en la persona, y contribuye de manera significativa a mejorar la salud y la calidad de vida en la ERC.
- Hemodiálisis: Evitar sobrecarga del brazo con fístula.
- Diálisis peritoneal: Cuidado con ejercicios intensos abdominales.
- Trasplante renal: Progresión gradual y evitar sobrecarga abdominal temprana.
La sexualidad puede verse afectada en personas con Enfermedad Renal Crónica (ERC) debido a factores físicos, hormonales y emocionales. Es un aspecto frecuente pero poco consultado, y forma parte integral de la calidad de vida.
- En hombres: disminución de la libido, disfunción eréctil y alteraciones hormonales.
- En mujeres: menor deseo sexual, sequedad vaginal y dificultad para alcanzar el orgasmo.
- Factores comunes: cansancio, dolor, cambios corporales, estrés y efectos secundarios de la medicación.
La presencia de catéteres (peritoneal, hemodiálisis) o cicatrices quirúrgicas puede generar rechazo corporal o inseguridad. La comunicación con la pareja y el apoyo emocional son claves para mantener una vida íntima satisfactoria.
La enfermedad renal crónica (ERC) no solo tiene un impacto físico, sino que también conlleva cambios importantes a nivel emocional y psicológico. La adaptación a la enfermedad puede afectar a la vida personal, laboral, familiar y social, y es frecuente que aparezcan emociones como la ansiedad, el estrés, la tristeza o el desánimo.
Estas reacciones emocionales son especialmente habituales en momentos clave, como el inicio de la diálisis, los cambios en el tratamiento o tras un trasplante renal. Reconocerlas y abordarlas de forma adecuada forma parte esencial del cuidado integral de la persona con ERC.
Las personas con ERC pueden experimentar, en distintos momentos de la evolución de la enfermedad:
- Cambios de humor o mayor irritabilidad.
- Dificultades para dormir o descanso no reparador.
- Pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras.
- Miedo o preocupación por el futuro y por la evolución de la enfermedad.
- Sensación de dependencia o pérdida de autonomía.
Estas manifestaciones no indican debilidad y no deben normalizarse como “inevitables”, ya que pueden y deben abordarse.
Existen diversas estrategias que pueden ayudar a mejorar el bienestar emocional y la capacidad de adaptación a la ERC:
- Compartir dudas, preocupaciones y emociones con el equipo sanitario, favoreciendo una relación de confianza y acompañamiento.
- Fijar objetivos realistas y alcanzables, adaptados a la situación personal y al momento vital.
- Mantener vínculos sociales activos, preservando las relaciones familiares y sociales siempre que sea posible.
- Practicar ejercicio físico adaptado, que contribuye a mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés.
- Respetar horarios de descanso y sueño, cuidando las rutinas diarias.
- Identificar y limitar pensamientos negativos repetitivos, aprendiendo estrategias para manejarlos.
- Solicitar apoyo de profesionales especializados (psicología, trabajo social, enfermería), cuando el malestar emocional interfiere en la vida diaria.
El cuidado de la salud emocional es una parte fundamental del tratamiento de la ERC y contribuye de forma decisiva a una mejor adaptación, mayor autonomía y mejor calidad de vida.
Las personas con ERC pueden viajar, aunque es necesario planificar según el tratamiento recibido. Con una adecuada organización, la mayoría de pacientes pueden disfrutar de desplazamientos cortos y largos.
Pacientes sin necesidad de diálisis. Deben mantener hábitos saludables, llevar medicación suficiente y disponer de un informe médico actualizado. Es útil llevar resultados recientes de analíticas.
Pacientes en hemodiálisis. Pueden recibir diálisis en otros centros mediante coordinación previa. Es imprescindible preparar:
- Informe médico actualizado.
- Analítica reciente (<30 días).
- Última medición de peso seco (peso corporal del paciente una vez se ha eliminado el exceso de líquidos con la diálisis).
- Medicación para todo el viaje.
Pacientes trasplantados. Se recomienda evitar destinos con alto riesgo infeccioso. Deben llevar medicación inmunosupresora suficiente y un informe clínico actualizado.
Información documentada por:
Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 20 de febrero del 2018
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