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El desconocimiento de la insuficiencia cardíaca por parte de los pacientes, principal causa de reingreso

La hospitalización a causa de la insuficiencia cardíaca no ha disminuido en los últimos años, sino que se ha mantenido e incluso ha aumentado. Dado el avanzado conocimiento médico que se tiene de esta enfermedad, ¿por qué sigue sucediendo esto? Diferentes estudios concluyen que una de las principales razones es que los pacientes no comprenden su propia enfermedad.

Imagen de archivo del Instituto Clínic Cardiovascular, Hospital Clínic. Fotógrafo Francisco Avia

La hospitalización por insuficiencia cardíaca no ha disminuido en los últimos años e incluso, en algunos casos, sigue aumentando. También existe una tasa elevada de reingreso en pacientes al mes de recibir el alta hospitalaria, lo que empeora su pronóstico. En muchos casos, la evolución de esta enfermedad se caracteriza por un círculo vicioso de empeoramiento de síntomas, descompensación aguda, hospitalización y posterior estabilidad y alta.

Un exhaustivo estudio que analiza numerosas publicaciones en este ámbito, concluye que hay cinco razones principales para el uso frecuente de los servicios de salud en pacientes con insuficiencia cardíaca. En primer lugar, las causas principales de la elevada tasa de reingresos se deben a un mal seguimiento del tratamiento o un a seguimiento irregular que, en muchos casos, se toma solo ante la aparición de síntomas. Por otro lado, el estudio observa que entre los pacientes existe un desconocimiento general de los signos y síntomas que indican que se está sufriendo una descompensación cardíaca. Los hechos anteriores se pueden resumir en una única causa general: el paciente no comprende debidamente el plan de tratamiento y, por lo tanto, tampoco comprende bien su enfermedad. En último lugar, se ha detectado, en algunas ocasiones, una falta de comunicación entre los profesionales del hospital y los médicos de atención primaria, la cual cosa tampoco ayuda a mejorar las dudas del paciente.

La insuficiencia cardiaca es una enfermedad crónica y progresiva que repercute en la calidad de vida de las personas que la tienen porque limita sus posibilidades de llevar a cabo actividades de la vida diaria. Los principales síntomas que manifiesta el paciente son un cansancio inusual al realizar un esfuerzo, respiración fatigosa por el estancamiento de líquidos en los pulmones, tos seca y persistente y falta de apetito. Además, la reducción de aporte sanguíneo al cerebro puede causar también sensación de mareo o confusión.

Para que el paciente comprenda e identifique estos síntomas, y poder así romper el círculo de altas e ingresos hospitalarios, existen los programas de insuficiencia cardiaca enfocados, principalmente, en conseguir controlar la enfermedad y retrasar su progreso. Para lograrlo, se debe proporcionar al paciente una atención multidisciplinar que incluya un seguimiento periódico para ajustar el tratamiento en función de la situación clínica.

Algunas de las recomendaciones para lograr un mejor conocimiento de la insuficiencia cardíaca son: la educación del paciente y también de la familia, implicándolos en su autocuidado y tratamiento, asegurar que el paciente reconoce los síntomas de alerta de la descompensación cardíaca y proporcionarle un contacto directo con un profesional sanitario de referencia en la Unidad de Insuficiencia Cardíaca, el hospital o el centro de salud donde sea tratado. También es recomendable darle la posibilidad al paciente de visitar el hospital de día para controles o para la realización de una intervención rápida ante la aparición de los primeros síntomas de descompensación cardíaca y, así, evitar ingresos.

Además, es importante insistir en los cambios del estilo de vida que deben incorporar estos pacientes para prevenir el avance de la enfermedad, como la ingesta adecuada de líquidos, realizar ejercicio físico de forma moderada, llevar una dieta baja en sal, evitar fumar o beber alcohol…

De este modo, empoderando al paciente para que pueda tomar las riendas de su enfermedad, se puede disminuir la incidencia de ingresos, cosa que evitaría que evolucionase la enfermedad, se reduciría la mortalidad y que mejoraría su calidad de vida.

Autora: Josefina Casal, enfermera especialista en trasplante cardíaco, Instituto Clínic Cardiovascular.