¿Qué es un ictus y por qué ya no es solo una enfermedad de personas mayores?
El ictus es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Tradicionalmente se ha asociado a personas mayores, con una edad media superior a los 70 años, pero esta realidad está cambiando.
Estudios recientes indican que, en la actualidad, entre un 5% y un 15% de los ictus se producen en menores de 55 años en países de ingresos altos, y hasta un 24% en países con menos recursos.
Y lo más preocupante: la incidencia en jóvenes está aumentando desde principios del siglo XXI, rompiendo la tendencia general a la baja observada en personas mayores.
Los datos son contundentes: si antes se producían aproximadamente 11 ictus al año por cada 100.000 personas jóvenes, ahora se producen alrededor de 21. Esto implica que los casos en jóvenes han aumentado hasta un 90%. Aun así, el ictus sigue siendo una enfermedad relativamente poco frecuente en menores de 55 años. Lo preocupante es la tendencia al alza.
¿Por qué aumentan los casos de ictus en jóvenes?
Los expertos apuntan a una combinación de factores:
- Aumento de los factores de riesgo clásicos.
- Nuevos riesgos emergentes relacionados con el estilo de vida y el entorno.
- Posibles cambios sociales y sanitarios globales.
Aun así, no existe una única causa clara, y probablemente se trata de una combinación compleja.
Síntomas de ictus en personas jóvenes: cómo detectarlo a tiempo
Los síntomas son los mismos que en adultos mayores y requieren atención inmediata:
- Debilidad repentina en la cara, un brazo o una pierna.
- Dificultad para hablar o entender.
- Pérdida de visión.
- Mareo o pérdida de equilibrio.
Reconocerlos rápidamente puede salvar vidas y reducir las secuelas.
Factores de riesgo: ¿qué aumenta las probabilidades de sufrir un ictus antes de los 55?
Contrariamente a lo que se pensaba, los factores de riesgo clásicos tienen un peso muy importante también en jóvenes. De hecho, pueden explicar hasta el 90% de los casos.
Los más importantes son:
- Hipertensión (responsable de casi la mitad del riesgo)
- Sedentarismo
- Tabaquismo
- Obesidad
- Diabetes
- Colesterol elevado
En estudios recientes, casi la mitad de los jóvenes con ictus eran fumadores, y más del 40% tenían hipertensión. Además, cada vez es más frecuente que estos factores aparezcan combinados: hasta un 40% de los pacientes jóvenes presentan tres o más factores de riesgo simultáneamente.
El problema es que a menudo estos factores están mal detectados o mal controlados en personas jóvenes.
Nuevos riesgos emergentes: estrés, contaminación y estilo de vida
Uno de los hallazgos más relevantes es que también aumentan los ictus en personas sin factores clásicos. Esto ha puesto el foco en nuevos riesgos:
- Contaminación atmosférica
- Jornadas laborales largas
- Estrés crónico
- Sedentarismo
- Enfermedades autoinmunes
- Depresión
- Consumo de drogas
Algunos estudios sugieren que la contaminación podría tener un impacto especialmente relevante en menores de 55 años.
¿Qué diferencias hay entre ictus en jóvenes y en personas mayores?
Una de las causas más características de ictus en jóvenes es la disección de las arterias del cuello, como la carótida o la vertebral, que puede llegar a ser responsable de hasta uno de cada cinco casos. A diferencia de lo que ocurre en personas mayores, esta causa puede aparecer sin factores de riesgo clásicos y a menudo se manifiesta con dolor de cabeza o dolor cervical días antes del episodio, a veces tras un traumatismo leve o un ejercicio físico intenso.
Existen otras diferencias importantes entre ambos grupos. En personas jóvenes, es más frecuente que el ictus aparezca sin una causa clara identificable, y los factores sociales y ambientales tienen un peso más relevante que en la población de mayor edad. Además, en países con menos recursos se observa una mayor proporción de hemorragias cerebrales y una incidencia global de ictus más alta, casi el doble que en países más desarrollados.
Consecuencias de un ictus en edad joven: impacto en la salud y la calidad de vida
El impacto del ictus en personas jóvenes puede ser especialmente significativo, ya que suele afectar etapas vitales activas, con mayor impacto en el entorno familiar y secuelas que pueden prolongarse durante muchos años.
Algunos datos clave:
- Hasta un 32% de los pacientes jóvenes fallecen o quedan con discapacidad a los 3 meses.
- Un 44% presenta problemas cognitivos a largo plazo.
- Aumenta la probabilidad de desarrollar epilepsia posteriormente.
- Una parte de los pacientes no puede volver a trabajar.
Además:
- El riesgo de repetir un ictus puede alcanzar el 16-19% en 15 años.
- El riesgo de muerte a largo plazo es hasta 4 veces superior al de la población general.
- La ansiedad y la depresión afectan hasta a un 30-40% de los pacientes.
¿Se puede prevenir un ictus? Hábitos clave para reducir el riesgo
Sí, y en este ámbito existe un margen de actuación considerable. Las medidas más efectivas son:
- Controlar la presión arterial
- Realizar actividad física regular
- Evitar el tabaco
- Mantener un peso saludable
- Controlar la diabetes y el colesterol
- Reducir el estrés
Los profesionales sanitarios también insisten en la necesidad de mejorar el diagnóstico precoz en jóvenes, ya que a menudo no se perciben como población de riesgo.
¿Por qué los expertos alertan de un aumento global en los próximos años?
Las proyecciones son claras:
- En 2021, casi 2,8 millones de jóvenes sufrieron un ictus en el mundo.
- El 89% de los casos se producen en países con menos recursos.
- Se prevé un aumento de hasta un 12% en la incidencia en las próximas décadas.
- En Estados Unidos, por ejemplo, la prevalencia podría triplicarse en adultos jóvenes hasta 2050.
Un reto urgente para la salud pública
El aumento del ictus en personas jóvenes se ha convertido en un reto global que va más allá del ámbito sanitario, con implicaciones económicas y sociales de gran alcance.
Ante este escenario, los expertos insisten en la necesidad de desarrollar mejores herramientas para predecir el riesgo en edades tempranas, profundizar en la investigación de los factores emergentes e impulsar estrategias de prevención adaptadas a cada contexto. Todo ello, sin olvidar la importancia de reforzar la concienciación social.
La idea de que el ictus es una enfermedad exclusiva de la vejez ya no se ajusta a la realidad. Entender este cambio y actuar a tiempo será clave para reducir su impacto en las próximas décadas.
Información documentada por:
Dr. Xabier Urra, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínic Barcelona.
Referencias:
- 2026. The rising incidence of stroke in the young: Epidemiology, causes and global impact. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40682212/
- 2021. Global Burden and Risk Factors of Stroke in Young Adults, 1990 to 2021: A Systematic Analysis of the Global Burden of Disease Study 2021. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40371619/
