Factores de riesgo de la Adicción a Internet

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Algunas conductas son altamente gratificantes porque activan intensamente nuestro sistema de recompensa cerebral, una red de estructuras en el cerebro que libera, entre otros, un neurotransmisor llamado dopamina, que nos hace sentir bien y nos motiva a repetir esas conductas placenteras. Es como el "centro de premios" del cerebro. Originariamente, la función de este sistema de recompensa es hacer que repitamos aquellas conductas que garantizan la supervivencia del individuo o de la especie (comer, dormir, relacionarse, practicar sexo, etc.). Las vivencias placenteras que se producen al utilizar videojuegos, redes sociales u otras aplicaciones a través de Internet también activan este sistema de recompensa y eso nos motiva a seguir usándolas de manera repetida. Esta repetición es la que puede dar lugar al desarrollo de “circuitos de adicción” en nuestro cerebro. Estos cambios en el cerebro explicarían porqué las personas con adicción a actividades en línea, llegan a anteponerlas a actividades cotidianas que garantizan la supervivencia como comer o dormir.

Hay diversos factores que pueden alterar el funcionamiento natural del sistema de recompensa, haciendo más probable que una conducta placentera se haga repetitiva hasta llegar a convertirse en una conducta adictiva. 

Persona con iconos de redes sociales

Factores intrínsecos a los dispositivos electrónicos y las actividades a través de pantallas que aumentan su potencial adictivo. Los videojuegos (especialmente los videojuegos de rol multijugador en línea (o MMORPG, de las siglas en inglés Massively Multiplayer Online Role-Playing Games), las redes sociales y algunas aplicaciones de móvil que permiten el “scroll infinito” (visualización continua de contenidos con solo deslizar el dedo) resultan muy gratificantes para el usuario y con frecuencia están diseñadas para fidelizar al usuario, con el objetivo de que pase más tiempo utilizándolas.

Adolescentes niño y niña

La infancia y la adolescencia son periodos de especial vulnerabilidad para las adicciones, porque el lóbulo frontal del cerebro está en pleno desarrollo, y aún no se ha adquirido por completo la capacidad de autocontrol y autorregulación. Por otro lado, durante la adolescencia tiene mucha importancia el entorno social, por lo que es más fácil que los jóvenes deseen estar en contacto e interesarse por las actividades que realizan sus amigos y compañeros.

Persona con ansiedad, miedo y preocupación

Factores individuales en cada menor y adolescente, que pueden fomentar el desarrollo de problemas con el control de las pantallas. Algunos de estos factores son neurobiológicos, como las características particulares de funcionamiento de los sistemas de recompensa y de control prefrontal. Otros son factores temperamentales; por ejemplo, los adolescentes introvertidos pueden encontrar en las pantallas una vía de socialización. Incluso algunos de estos factores podrían tener componentes genéticos y podrían explicar por qué las conductas adictivas suelen repetirse en diferentes miembros de la misma familia.

Cerebro con una zona señalada

La presencia de varios trastornos mentales en una misma persona puede favorecer el desarrollo de conductas problemáticas a través de las pantallas. Los trastornos que se asocian más frecuentemente a las “adicciones a través de Internet” son los trastornos de ansiedad o depresivos, la fobia social o escolar, el trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad), el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno del espectro autista. Algunos de estos trastornos pueden facilitar el desarrollo de adicción a través de la dificultad en el control de impulsos, con la consecuente repercusión en la capacidad de autolimitar el uso de Internet para realizar conductas gratificantes. Otros trastornos pueden ocasionar gran malestar emocional y llevar al uso de pantallas como estrategia de afrontamiento, liberación emocional, distracción o refugio para disminuir el malestar.

Familia con un tic positivo que representa aceptación de la enfermedad de un miembro por parte de la familia

Factores ambientales y del entorno también puede jugar un papel en el desarrollo de comportamientos adictivos a través de Internet. Los contextos familiares, escolares y sociales pueden ayudar a prevenir o, por el contrario, favorecer el desarrollo de conductas problemáticas ante las pantallas. Las situaciones estresantes intrafamiliares (conflictos, separaciones, violencia doméstica...), escolares (bullying, fracaso escolar...), sociales (aislamiento, soledad, pertenencia a grupos minoritarios...) pueden favorecer el desarrollo de conductas problemáticas y otros trastornos mentales. También los estilos parentales (cómo se marcan límites, cómo se expresa el amor y el cariño...), el estilo de enseñanza escolar (uso de pantallas en el aula...), el grupo social de apoyo (actividades extraescolares o de ocio en las que el individuo participa, roles y modelos referentes con los que se identifica...) también pueden condicionar el uso saludable o problemático de la internet.

Los factores de riesgo mencionados no intervienen de forma aislada. Con frecuencia se asocian entre ellos y acaban perpetuando un círculo vicioso en el que los problemas en el entorno y/o los problemas de salud mental pueden llevar al uso excesivo y a la adicción, pero también el uso excesivo y la adicción pueden tener repercusiones sobre la salud mental y la relación con el entorno social. Es casi imposible saber qué ocurrió primero y qué factores son consecuencia de otros, por lo que en el tratamiento de las adicciones a Internet es necesario abordar todos los síntomas y todos factores implicados, sean previos o posteriores a la adicción. 

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Publicado: 16 de octubre del 2019
Actualizado: 16 de junio del 2026

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