COVID prolongada

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La COVID prolongada (long COVID o síndrome de COVID postaguda PASC, por sus siglas en inglés) es una enfermedad que puede afectar a distintos órganos del cuerpo. Se produce cuando algunos síntomas debilitantes de la COVID-19 se mantienen en el tiempo.

Los casos de COVID prolongada pueden tener su origen en infecciones asintomáticas, sintomáticas o en casos graves que han requerido hospitalización. Los casos de COVID postaguda con secuelas no siempre se producen en personas que hayan necesitado ingreso hospitalario.

La gran mayoría de los pacientes con secuelas pulmonares son personas que han estado ingresadas y han necesitado oxígeno y ventilación, así como tratamiento antiinflamatorio para controlar la respuesta inmunitaria generada por el virus. En estos pacientes, tras finalizar la fase hiperinflamatoria, puede persistir dolor residual, cicatrización pulmonar o incluso una inflamación persistente que requiera prolongar el tratamiento.

La COVID postaguda incluye dos subgrupos:

  • COVID prolongada: persistencia de síntomas (presentes o no al inicio de la infección) más allá de las 4 semanas desde la infección, de forma permanente, intermitente o con mejoría progresiva.
  • PASC (secuelas): daño irreversible en los tejidos después de 12 semanas, que puede desencadenar distintos grados de disfunción y la correspondiente sintomatología.

Los niños desarrollan la infección por COVID de forma asintomática o mucho más leve que los adultos. Si aparecen síntomas, suelen ser de corta duración. No obstante, se han observado casos leves y asintomáticos que han desarrollado síntomas prolongados como:

Persona con insomnio

Insomnio

Hombre cansado, sudando

Fatiga

Persona llevándose las manos al cuello, sudando, pálida, que no puede respirar, con sensación de falta de aire, ahogo o disnea

Disnea

Corazón y electrocardiograma, palpitaciones del corazón

Palpitaciones

Disminución de la capacidad de concentración y pensamientos difusos

Dificultad para concentrarse

Mujer con fatiga sudando

Debilidad muscular

A medida que aumenta la edad, también aumenta el riesgo de presentar estos síntomas.

Aunque es poco frecuente, se ha descrito el desarrollo de un síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C, por sus siglas en inglés: Multisystem Inflammatory Syndrome in Children), que puede aparecer entre 3 y 6 semanas después del diagnóstico y que suele requerir tratamiento para el control de los síntomas.

Esta condición puede aparecer en al menos el 10-15 % de los pacientes con COVID-19 y supone un reto adicional tanto para los pacientes como para el sistema sanitario. Existen datos que indican que los casos de COVID prolongada y/o PASC son actualmente menos frecuentes que al inicio de la pandemia.

Las causas que producen la COVID prolongada siguen sin conocerse con exactitud, pero se cree que algunas posibles son:

Virus de la hepatitis A

La presencia de reservorios virales: células que contienen virus inactivados.

Tubo de muestra con crioglobulinas

El daño inflamatorio como respuesta a la infección aguda.

Célula del sistema inmunitario con anticuerpos

Las alteraciones del sistema inmunitario producidas por la interacción del virus con el organismo.

Piernas con varices y un trombo

Las microtrombosis.

Los pacientes con COVID prolongada o postaguda (PASC) presentan un amplio espectro de manifestaciones. Las más prevalentes son: fatiga (52 %), síntomas cardiorrespiratorios (30-42 %) como la disnea, síntomas neurológicos (40 %) como el dolor de cabeza y problemas de atención, entre muchos otros.

Persona llevándose las manos al cuello, sudando, pálida, que no puede respirar, con sensación de falta de aire, ahogo o disnea

Efectos a nivel pulmonar: disnea (falta de aire) y tos

Monitor con un ecocardiograma

Efectos cardíacos: dolor torácico, arritmias, pericarditis

Piernas con varices y un trombo

Efectos hematológicos: trombosis (formación de coágulos sanguíneos) y descenso de células sanguíneas

Neuroimagen funcional

Efectos neurológicos: fatiga, dolor de cabeza, niebla mental

Mujer mareada se toca la cabeza

Mareo

Reducción del sentido del gusto y del olfato

Pérdida de olfato, gusto y/o alucinaciones olfativas: Se ha observado que esta sintomatología no se produce de forma tan frecuente con la variante Òmicron, y particularmente afecta a mujeres jóvenes menores de 50 años. A partir de los 6 meses, aquellos pacientes que no lo recuperan quizá les cuesta un poco más, o en algunos casos puede convertirse en una secuela. Por eso se debe realizar un entrenamiento olfativo, que consiste en enseñar nuevamente al olfato exponiéndolo a fragancias u olores habituales, ya que por ahora no existe ningún tratamiento que revierta los síntomas.

Dos lados de la cara diferentes representando alteraciones de la conducta o cambios de humor

Otros trastornos psicológicos: ansiedad y depresión, alteraciones del sueño, trastorno por estrés postraumático (TEPT). Aún se desconoce si pueden estar directamente causados por la infección viral y la respuesta inmunitaria desencadenada para combatir el virus. Los más frecuentes son ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y TEPT.

Atrofia de los músculos adyacentes en la rodilla

Efectos musculoesqueléticos: dolor muscular y dolor articular.

Persona de pie con retortijones por diarrea

Efectos gastrointestinales y hepatobiliares: diarrea, alteración de la microbiota intestinal por disminución de microorganismos beneficiosos.

Glucómetro y una mano con un dedo en el que se ha introducido la lanceta para medir los niveles de diabetes

Efectos endocrinos: diabetes o empeoramiento de casos previamente diagnosticados, irregularidades en el ciclo menstrual, tiroiditis, desmineralización ósea.

Persona con dermatitis en cualquier parte del cuerpo

Efectos dermatológicos: caída del cabello (en el 25 % de los casos), lesiones cutáneas, prurito.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, en base a la presencia de síntomas que no se justificarían por otra causa distinta a la infección por SARS-CoV2.

Actualmente, no existe tratamiento para el síndrome de COVID post agudo, pero sí para determinados síntomas. En muchos casos a partir de los 3 meses los pacientes mejoran y algunos se les da el alta.

El tratamiento clave es la rehabilitación física, neurocognitiva y el soporte psicológico. La sintomatología de estos pacientes tiene un impacto en su calidad de vida tanto a nivel físico como psicológico, por eso, realizar un abordaje en estos dos ámbitos aporta una mejora sustancial.

La actividad física puede dificultarse en estos pacientes con fatiga y no tendrán el mismo rendimiento que antes de haber pasado la COVID, pero pueden mejorar si la realizan de forma planificada, programada y con control del ritmo.

El sedentarismo prolongado, tanto en la fase aguda como posteriormente, puede favorecer el deterioro físico, incrementar la fatiga y la intolerancia al esfuerzo, así como enfermedades musculoesqueléticas.

Aunque las vacunas autorizadas frente a la COVID-19 han demostrado ser altamente efectivas para prevenir casos graves de enfermedad aguda, aún no se ha determinado su capacidad para prevenir el síndrome PASC o la COVID prolongada.

La evidencia actual sugiere que la vacunación puede ayudar a mitigar los efectos a largo plazo del virus, aunque se necesita más investigación para confirmar y cuantificar esta hipótesis.

En un análisis reciente se observaron menos casos de PASC que en periodos anteriores. Hasta un 28 % de la reducción de los casos de PASC se atribuyó a cambios en el SARS-CoV-2 y otros factores temporales, mientras que el 72 % de la reducción se atribuyó al efecto de la vacunación.

Se necesita más evidencia y estudios realizados por equipos multidisciplinares para comprender las causas de estos efectos a largo plazo.

Falta información sobre los mecanismos que se desencadenan tras la infección, con el fin de mejorar el análisis y el tratamiento de una sintomatología tan diversa, y así poder desarrollar pruebas diagnósticas, medidas preventivas y estrategias de rehabilitación.

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Publicado: 12 de marzo del 2020
Actualizado: 17 de diciembre del 2024

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