Preguntas frecuentes sobre las vacunas frente a la COVID-19

Tiempo de lectura: 5 min

Se han administrado más de 13.700 millones de dosis de vacunas frente a la COVID-19. Esto permite disponer de suficiente evidencia para afirmar que las dosis de refuerzo adicionales reducen el riesgo de enfermedad grave, hospitalización y muerte. Las vacunas también reducen, aunque en menor medida, el riesgo de infección.

En un estudio realizado por la Red Europea de Vigilancia Respiratoria de la OMS, se estimó que en Europa se evitaron 1,6 millones de muertes gracias a la disponibilidad de las vacunas frente a la COVID-19 entre diciembre de 2020 y marzo de 2023. La mayoría de las muertes evitadas se produjeron en el grupo de personas mayores, lo que refuerza la importancia de la vacunación actualizada en quienes presentan mayor riesgo.

La efectividad de las vacunas originales frente a la COVID-19 comienza a disminuir alrededor de los tres meses, aunque continúan protegiendo frente a los casos graves durante una media de 6 a 9 meses.

Múltiples estudios indican la conveniencia de administrar dosis de refuerzo con vacunas de ARNm cada 6 o 12 meses para mantener una protección adecuada frente a las variantes del linaje Ómicron.

La aparición continua de nuevas variantes de preocupación (las denominadas Variant of Concern, VOC) puede disminuir la efectividad de las vacunas frente a la COVID-19.

Las variantes actuales son ya muy diferentes en su composición respecto a la variante ancestral (o variante de Wuhan), lo que ha condicionado la adaptación y actualización de las vacunas.

En adultos de ≥18 años con enfermedades graves o inmunosupresión, recibir una vacuna actualizada frente a la COVID-19 proporciona mayor protección frente a hospitalizaciones asociadas a la enfermedad en comparación con no recibir una vacuna actualizada.

Desde 2020, se han administrado más de 13.700 millones de dosis de vacunas frente a la COVID-19 en todo el mundo (dato actualizado a agosto de 2024). Al menos el 70,7 % de la población mundial había recibido una dosis de una vacuna frente a la COVID-19 y el 35,7 % había recibido una dosis de refuerzo.

La evidencia obtenida a partir de estos miles de millones de dosis administradas en tan poco tiempo constituye una situación única en la historia de la vacunación. Nunca se había estudiado con tanta amplitud la eficacia y la seguridad de una vacuna. Los datos recopilados y analizados muestran que las vacunas frente a la COVID-19 presentan un muy buen perfil de seguridad en todos los grupos de edad y que sus beneficios superan los posibles riesgos.

Los efectos secundarios tras recibir la vacuna frente a la COVID-19 varían de una persona a otra.

La mayoría de las personas no experimenta ningún efecto secundario o presenta únicamente efectos leves y temporales, como dolor en el lugar de la inyección, fatiga, dolor de cabeza o dolor muscular.

Las dosis de refuerzo de las vacunas frente a la COVID-19, especialmente las vacunas de ARNm y las basadas en proteínas, muestran de forma constante un perfil de seguridad favorable.

Las vacunas basadas en proteínas suelen asociarse a un menor riesgo de efectos secundarios.

Con las vacunas frente a la COVID-19 se han producido un número reducido de reacciones alérgicas potencialmente graves, como anafilaxia, inflamación de las vías respiratorias o aparición de una erupción cutánea generalizada, algo que puede ocurrir con cualquier vacuna.

Estas reacciones son muy poco frecuentes, suelen producirse a los pocos minutos de la vacunación y pueden tratarse con éxito.

En casos poco frecuentes de personas con antecedentes claros de reacciones alérgicas graves tras una vacuna de ARNm frente a la COVID-19, puede considerarse como alternativa el uso de una vacuna basada en proteínas.

Solo se han identificado pocos problemas de seguridad muy inusuales con las vacunas actuales. Un estudio internacional analizó a más de 99 millones de personas vacunadas frente a la COVID-19 para detectar posibles vínculos con efectos secundarios poco frecuentes conocidos.

El uso de vacunas de ARNm se ha asociado en raras ocasiones con el desarrollo de miocarditis y/o pericarditis, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. Esta miocarditis postvacunación suele ser leve y se asocia a una evolución clínica favorable en la mayoría de los casos.

Los datos analizados no respaldan la existencia de ningún vínculo entre las vacunas de ARNm frente a la COVID-19 y la muerte súbita cardíaca en jóvenes previamente sanos.

Tampoco se han identificado señales de seguridad significativas que sugieran que el infarto agudo de miocardio, el tromboembolismo venoso, el tromboembolismo pulmonar o el ictus sean efectos secundarios potenciales de las vacunas frente a la COVID-19.

Todas estas afecciones mencionadas son complicaciones conocidas de la COVID-19. Las personas que han padecido COVID-19 antes de la vacunación o que no se han vacunado presentan un mayor riesgo de eventos cardiovasculares durante los dos años posteriores.

Diversos estudios y cientos de miles de dosis administradas han demostrado que las vacunas de ARNm frente a la COVID-19 son seguras durante el embarazo, tanto para la mujer gestante como para el feto.

Las vacunas no aumentan el riesgo de complicaciones como aborto espontáneo o parto prematuro.

Además, reducen el riesgo de hospitalización y muerte en mujeres embarazadas y protegen a sus bebés.

Los efectos secundarios en mujeres embarazadas son similares a los del resto de personas vacunadas. En su mayoría son leves o moderados y se resuelven en pocos días.

Las mujeres en periodo de lactancia pueden vacunarse sin necesidad de interrumpirla. Además, un beneficio adicional es que los anticuerpos generados pueden transferirse al feto o a través de la leche materna al recién nacido.

Los datos indican que la vacunación frente a la COVID-19 puede provocar cambios temporales en el ciclo menstrual.

Los estudios han observado ligeros aumentos en la duración del ciclo, aproximadamente de 1 a 2 días tras la vacunación, y estas alteraciones suelen resolverse en uno o dos ciclos posteriores.

Algunas personas han informado de un sangrado menstrual más abundante tras la vacunación. No obstante, estos cambios suelen ser de corta duración y vuelven a la normalidad en ciclos posteriores.

Es importante señalar que no existen pruebas que relacionen las vacunas frente a la COVID-19 con problemas de salud reproductiva a largo plazo ni con problemas de fertilidad.

En resumen, aunque pueden producirse cambios menstruales leves y temporales tras la vacunación, no se asocian a problemas de salud a largo plazo.

Las personas con alteraciones menstruales persistentes o graves deben consultar con un profesional sanitario.

Actualmente, se recomienda esperar un periodo mínimo de tres meses desde la fecha de finalización de la enfermedad antes de volver a vacunarse.

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Publicado: 12 de marzo del 2020
Actualizado: 17 de diciembre del 2024

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