Desde 2024, el cáncer es la principal causa de muerte en España. Por primera vez en la historia ha superado a las enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio y el ictus. Sin embargo, no todos los casos tienen el mismo pronóstico. La diferencia suele estar en el momento en que se detecta la enfermedad. En este sentido, los programas de cribado se han convertido en una herramienta imprescindible.
El desarrollo de un cáncer es un proceso largo y complejo. Todo comienza con mutaciones en las células que, con el tiempo, pueden provocar un crecimiento descontrolado. Este proceso puede durar años o incluso décadas, y durante mucho tiempo no genera síntomas. Esto explica por qué personas con estilos de vida saludables también pueden desarrollar la enfermedad. Como recuerda el doctor Jaume Grau, «el cáncer no aparece de un día para otro; es un proceso lento que nos brinda una oportunidad para detectarlo antes de que dé la cara».
«El cáncer no aparece de un día para otro; es un proceso lento que nos brinda una oportunidad para detectarlo antes de que dé la cara». Dr. Jaume Grau, especialista en Medicina Preventiva y Epidemiología
Aprovechando esta ventana de tiempo, el cribado tiene como objetivo identificar la enfermedad en fases iniciales, cuando todavía no provoca malestar y el tratamiento es más eficaz. Sin embargo, no todos los cánceres son susceptibles de ser cribados. Para implantar un programa poblacional es necesario que la enfermedad sea suficientemente frecuente, que tenga una evolución detectable en fases precoces y que existan pruebas fiables y seguras para diagnosticarla.
Cribado del cáncer colorrectal: pruebas, objetivos y beneficios
Estos requisitos se cumplen claramente en el caso del cáncer colorrectal. Este tumor suele originarse a partir de pólipos, lesiones benignas que pueden evolucionar hacia formas malignas con el tiempo. El cribado permite detectar estos pólipos o signos iniciales de cáncer antes de que progresen. En España, el cribado se realiza entre los 50 y los 74 años. En Cataluña, a partir del 1 de julio se empezará a ampliar progresivamente la edad de participación incorporando a las personas de 70 años, hasta alcanzar los 74 años.
La franja de edad se selecciona en función del riesgo, ya que se ha observado que este aumenta de forma significativa a partir de los 50 años.
La prueba principal es el test de sangre oculta en heces, que puede realizarse en casa mediante un kit sencillo. Si el resultado es positivo, el estudio continúa con una colonoscopia, una exploración que permite visualizar el intestino y extirpar posibles lesiones. Este proceso, aunque puede generar cierta inquietud, es clave para reducir la incidencia y la mortalidad de este cáncer.
«Con el cribado buscamos adelantarnos al momento en que el tumor podría hacerse evidente; detectarlo antes es lo que marca la diferencia». Dr. Jaume Grau, especialista en Medicina Preventiva y Epidemiología
Cribado del cáncer de mama: detección precoz mediante mamografía
En el caso del cáncer de mama, el cribado se basa en la mamografía, una técnica de imagen capaz de detectar tumores antes de que sean palpables. Esta detección precoz mejora notablemente las posibilidades de tratamiento y supervivencia. En el cáncer de mama, el Ministerio de Sanidad ha aprobado la ampliación de la edad de cribado a mujeres de entre 45 y 74 años, tal y como recomienda la Unión Europea. En Cataluña se prevé que esta ampliación empiece a aplicarse a partir de 2027.
Un aspecto relevante es que el cribado no sustituye otras formas de vigilancia, sino que las complementa. Todavía persiste la idea de que la autoexploración es suficiente para detectar el cáncer de mama. Sin embargo, esta no permite identificar lesiones muy pequeñas o profundas. «Con el cribado lo que buscamos es adelantarnos al momento en que el tumor podría hacerse evidente; detectarlo antes es lo que marca la diferencia», subraya Grau.
Hábitos saludables: la medida más eficaz para reducir el riesgo de cáncer
Más allá de las pruebas diagnósticas, los especialistas coinciden en que la prevención también pasa por mantener hábitos de vida saludables. Una alimentación equilibrada rica en frutas y verduras, la práctica regular de actividad física, evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol son factores que contribuyen a disminuir el riesgo de desarrollar estos cánceres. Aun así, ninguna medida es infalible y, por ello, el cribado sigue siendo imprescindible.
A pesar de sus beneficios demostrados, la participación en los programas de cribado todavía no es óptima. Hay personas que no participan por desconocimiento, miedo o falta de tiempo. Incrementar la participación es uno de los grandes retos del sistema sanitario, ya que la efectividad del cribado depende en gran medida de la adhesión de la población.
En definitiva, el cribado no solo permite detectar el cáncer antes, sino también prevenirlo en algunos casos. Es una herramienta sencilla, accesible y con un impacto directo en la salud colectiva. Participar en estos programas es, en muchos casos, una decisión que puede salvar vidas.
