La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que, en la mayoría de los casos, puede controlarse adecuadamente. Para lograrlo, es imprescindible combinar el seguimiento médico periódico, la adopción de estilos de vida saludables y, cuando esté indicado, el tratamiento farmacológico.
Es importante destacar que la medicación antihipertensiva no sustituye las medidas de estilo de vida. El tratamiento no farmacológico constituye un pilar fundamental en el manejo de la hipertensión y debe mantenerse tanto si la persona recibe tratamiento farmacológico como si no.
Los cambios en el estilo de vida contribuyen a reducir las cifras de presión arterial, mejoran la salud cardiovascular global y disminuyen el riesgo de complicaciones graves, como el ictus, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardíaca o la enfermedad renal crónica.
Alimentación. Los estudios realizados en España con dieta mediterránea han demostrado sin ninguna duda que esta reduce la mortalidad por enfermedad cardiovascular, particularmente el ictus isquémico, porque reduce la presión arterial, la glucemia y los lípidos. Esta dieta rica en verduras y frutas, frutos secos (nueces, avellanas y almendras), pescado más frecuente que carne, carnes blancas (pollo, conejo) más frecuentes que carnes rojas (ternera, vaca, buey), uso de aceite de oliva extra virgen y pequeñas cantidades de vino tinto, junto a una ingesta pobre en sal (eliminar embutidos, alimentos enlatados y precocinados) y sin bebidas azucaradas, es la mejor que pueden seguir los pacientes hipertensos.
Ejercicio. Se recomienda la práctica regular de ejercicio físico aeróbico no competitivo (caminar, ir en bicicleta, nadar, etc...). Mejor si es cada día que a días alternos, y mejor si es una hora que 30 minutos. En cualquier caso, al ejercicio pleno se debe llegar tras un periodo de entrenamiento.
El sueño. El sueño reparador aumenta la calidad de vida de cualquier paciente y, normalmente, los hipertensos bien controlados no tienen problemas de sueño. Es importante dormir bien, pues el insomnio aumenta la presión arterial.
Sexualidad. Los hombres con hipertensión pueden presentar descensos de la libido en las fases iniciales del proceso por problemas psicológicos. La mayoría de los medicamentos antihipertensivos no presenta como efectos secundarios disminución de la libido o disfunción eréctil, aunque las combinaciones de los betabloqueadores antiguos con diuréticos a altas dosis, sí pueden producirla, particularmente, en pacientes fumadores y en personas con diabetes con arteriosclerosis avanzada o neuropatía. La disfunción eréctil puede considerarse como una manifestación de la arteriosclerosis y es un factor de riesgo vascular que empeora el pronóstico del hipertenso.
Viajar. La hipertensión no es ningún obstáculo para viajar, ni siquiera para viajar en avión o realizar estancias en alta montaña. Aunque es sabido que las personas que no viven habitualmente en altura sufren elevaciones de presión si viajan a países con montes de gran altura, estas suelen ser discretas, excepto si se sobrepasan los 5.000 metros.
Apoyo social y emocional. Las personas con hipertensión deben conocer su enfermedad a pesar de no dar ningún síntoma, y tienen que saber que si siguen un estilo de vida saludable y toman sus medicinas de manera regular pueden vivir muchos años sin tener complicaciones en el cerebro, corazón o riñón.
Efectos secundarios del tratamiento farmacológico de la Hipertensión Arterial
Puesto que la hipertensión arterial es una dolencia crónica, el tratamiento es continuo y en la mayoría de casos de por vida. Los pacientes que necesitan medicamentos para reducir la presión están expuestos a sus efectos secundarios, aunque afortunadamente los que se utilizan hoy día tienen muy pocos e, incluso, algunos no tienen ningún efecto secundario.
Los efectos secundarios más comunes son:
Hinchazón de tobillos (sólo lo presentan un grupo específico de medicamentos que llamamos calcioantagonistas)
Tos persistente (sólo la presentan un grupo de medicamentos que llamamos inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina).
Si esto ocurriera su médico le podrá cambiar a otros medicamentos que no los presentan (los antagonistas de los receptores de angiotensina están exentos de efectos secundarios propios).
Hoy día, el tratamiento habitual requiere la combinación de varios antihipertensivos, siempre que sea posible en un único comprimido, y estas combinaciones consiguen que un medicamento compense los efectos secundarios del otro al que se asocia. Por ejemplo, la hinchazón de tobillos de los calcioantagonistas se reduce si se asocian a un inhibidor de la enzima de conversión de la angiotensina o a un antagonista de los receptores de angiotensina.
Los diuréticos no presentan efectos secundarios que produzcan síntomas, sino que pueden afectar a las cifras de glucosa y colesterol en sangre. Es por esto, que a los hipertensos hay que hacerles análisis de control cada cierto tiempo, al menos una vez al año, para explorar si se han producido estos problemas.
Uno de los problemas de los diuréticos es la pérdida de potasio por la orina y su descenso en la sangre. Además de algunas medidas que el médico puede tomar, como por ejemplo asociar el diurético a otro medicamento antihipertensivo que compense esta pérdida, el paciente tiene que saber que el consumo de sal también afecta a la pérdida de potasio. Cuanta más sal se tome más pérdida de potasio se producirá.
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Información documentada por:
Carol Fernández SoutoCoordinadora Asistencial de EnfemeríaServicio de Medicina Interna y Enfermedades Sistémicas
Constanza Sepúlveda GallardoMédico GeriatraServicio de Medicina Interna y Enfermedades Sistémicas
Cristina Benítez CalvoEnfermera de Práctica Avanzada en hipertensión arterial y riesgo vascularServicio de Medicina Interna y Enfermedades Sistémicas
Cristina Sierra BenitoMédico InternistaServicio de Medicina Interna y Enfermedades Sistémicas
Miguel Camafort BabkowskiMédico InternistaServicio de Medicina Interna y Enfermedades Sistémicas
Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 18 de agosto del 2026
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