Un proyecto elaborado junto a . Este enlace se abre en una nueva pestaña.

Ejercicio y enfermedades crónicas

Tiempo de lectura: 7 min

Diabetes

La mayoría de los pacientes con diabetes tipo 2 se pueden beneficiar de hacer ejercicio porque mejora la sensibilidad a la insulina y los niveles de glucosa y de la hemoglobina glucosilada (HbA1c), sobre todo cuando se combina con medidas dietéticas.

Realizar un mínimo de 150 minutos a la semana de ejercicio aeróbico solo o en combinación con ejercicios de fuerza mejora los niveles de triglicéridos, la presión arterial sistólica y disminuye el perímetro abdominal.

La realización del ejercicio debe ser planificado de manera previa para evitar un descenso excesivo de la glucosa en la sangre (hipoglucemia), sobre todo, en aquellos casos en que la persona está tratada con insulina y algún tipo de fármaco que pueda producir hipoglucemias.

Enfermedad cardiovascular

El ejercicio reduce la probabilidad de tener una enfermedad cardiovascular en un 30%. En personas que han tenido un infarto de miocardio reduce la mortalidad en un 20-25%.

Un programa de ejercicio aeróbico aumenta la eficiencia del sistema cardiovascular y controla los factores de riesgo relacionados.

Se aconseja hacer ejercicio al menos tres horas a la semana (repartidas en varios días) para ejercitarse. No es necesario que sea un ejercicio extenuante, pero sí se debe notar como el corazón se acelera un poco y la respiración es un poco entrecortada. Es mejor empezar de forma progresiva, sin cansarse, y exigir un poco más cada día hasta llegar a notar estas sensaciones a las tres semanas, aproximadamente, del inicio de la actividad.

Esta regla general debe ser individualizada, por lo que es mejor consultar al profesional sanitario el tipo de ejercicio y la intensidad adecuada para cada caso.

Si se tienen síntomas como ahogo o dolor en el pecho, hay que cesar el ejercicio y consultar con el profesional sanitario antes de reanudarlo.

Hipertensión arterial

El ejercicio moderado reduce los niveles de tensión arterial y consigue un mejor control y menor consumo de fármacos. Además, previene la aparición de la hipertensión arterial en un 30%.

Se recomienda la práctica regular de ejercicio físico aeróbico no competitivo (caminar, ir en bicicleta, nadar, etc.). Mejor si es cada día que en días alternos, y mejor si es durante una hora que 30 minutos. En cualquier caso, el ejercicio pleno debe llegar después de un periodo de entrenamiento.

Artrosis

La modificación del estilo de vida, particularmente el ejercicio y la reducción de peso, son un pilar esencial para el manejo de la osteoartrosis. Aunque las personas con artrosis tienden a evitar el ejercicio, se ha demostrado que es efectivo y mejora el dolor, la función y el deterioro funcional de las articulaciones, incluso en personas mayores.

Se aconseja hacer ejercicio físico suave como caminar por terreno llano, hacer natación o ir en bicicleta para prevenir y mejorar la artrosis articular. No es conveniente hacer ejercicio de alto impacto porque empeoraría el estado de la articulación y aumentaría los síntomas de la artrosis.

En momentos de mucho dolor es recomendable realizar un periodo de reposo relativo.

Colesterol

La actividad física individualizada aporta múltiples beneficios para la salud. Ayuda a controlar el peso y disminuir el colesterol total y los triglicéridos y aumenta la proporción de colesterol "bueno" (HDL).

Los pacientes que hacen ejercicio y siguen una alimentación adecuada tienen más éxito a la hora de modificar su estilo de vida a largo plazo y reducir el riesgo de cardiopatía coronaria.

Osteoporosis

La falta de actividad física es el único factor de riesgo extrínseco que tiene una influencia negativa en el desarrollo de la osteoporosis. La inmovilización, sea por la causa que sea, es un factor que predispone a desarrollar la enfermedad, por lo que se debe evitar el reposo prolongado.

En periodos de convalecencia, después de una fractura o por cualquier otro motivo, como accidentes, secuelas relacionadas con déficits funcionales o enfermedades crónicas que cursan con dolor o incapacidad funcional, hay que aprovechar las pequeñas mejoras para empezar a moverse, sin forzar y tener en cuenta la intensidad del dolor.

En la medida de lo posible hay que recuperar la actividad física para prevenir la osteoporosis por inmovilización.

En mujeres postmenopáusicas, el ejercicio ayuda a evitar una disminución de la densidad mineral ósea en la columna lumbar y cuello femoral. También tiene un impacto beneficioso en el equilibrio, la fuerza y ​​la resistencia muscular. Todo ello, ayuda a prevenir la aparición de fracturas en mujeres postmenopáusicas.

Enfermedad de Parkinson

Para los pacientes con enfermedad de Parkinson el ejercicio físico es importante, pero se debe evitar el ejercicio extenuante y adecuarse a las posibilidades de cada persona. En caso de fluctuaciones motoras (periodos que alternan buena movilidad por efecto de la medicación con aparición de síntomas) conviene aprovechar los periodos de mejora. Ejercicios recomendados son el taichi, tango, cintas de caminar o máquinas de elíptica y el ciclismo. Hay que extremar las precauciones en pacientes con caídas frecuentes. El punto más importante del ejercicio es que resulte atractivo para que el paciente pueda mantener la continuidad.

El ejercicio mejora la funcionalidad, la fuerza en las piernas, el equilibrio, la tolerancia a la fatiga y la calidad de vida.

Obesidad y sobrepeso

El aumento de la actividad física y del ejercicio se asocian con una reducción de peso significativo y un mantenimiento más prolongado de la pérdida de peso. El ejercicio también aumenta la actividad metabólica, reduce la grasa corporal y mejora la condición física cardiorrespiratoria en general.

La actividad física adaptada a las posibilidades de cada persona y practicada de forma regular contribuye de manera favorable a controlar el peso, a mejorar los factores de riesgo asociados e influye de manera positiva en la sensación de bienestar. Para aumentar los niveles de actividad física se recomienda:

Reloj

Programar el ejercicio físico. Se recomienda iniciar la práctica de alguna actividad física al menos 150 minutos por semana e incrementar su duración, intensidad y variedad de forma progresiva a medida que se mejore la resistencia y el estado físico. Algunas actividades recomendables son caminar a paso rápido, ir en bicicleta, nadar, hacer gimnasia acuática o bailar. También se puede variar el tipo de actividad física y realizar ejercicios de tonificación/fuerza y ​​de flexibilidad/equilibrio.

Mujer obesa subiendo escaleras

Reducir el sedentarismo. Estar activos aporta grandes beneficios. Se recomienda subir escaleras en lugar de coger el ascensor, aparcar más lejos de la puerta, ocuparse de las tareas domésticas y del jardín, estar activos en el tiempo de ocio, ...

Enfermedades oncológicas

Las personas que hacen actividad física de intensidad moderada tienen, de media, un 30% menos riesgo de desarrollar cáncer de colon y un 20-40% menos riesgo de desarrollar cáncer de mama en relación con las personas que viven con un estilo de vida sedentario.

Es importante en aquellas personas diagnosticadas con una neoplasia, mantener las rutinas habituales y practicar algún tipo de ejercicio, en la medida de lo posible y siempre que no esté contraindicado. Mantenerse activo ayuda a minimizar los efectos secundarios del tratamiento y recuperarse antes. Cuando se realiza una actividad física se tiene una mayor sensación de bienestar, se mantienen los músculos tonificados, disminuye la fatiga, aumenta el apetito, se controla la tensión, disminuye el estreñimiento y ayuda a relajar la mente. Por otra parte, los ejercicios de fisioterapia son muy importantes después de la cirugía y cuando hay pérdida de masa muscular en las piernas. Es muy importante preguntar al equipo sanitario qué nivel de actividad es el más adecuado.

Enfermedades mentales

El ejercicio mejora la calidad del sueño y reduce el riesgo de tener ansiedad y depresión. Las personas que hacen ejercicio tienen menos riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Por ejemplo, a las personas con enfermedad de Alzheimer se les recomienda que se mantengan no solo activas mentalmente, sino también físicamente. Así, realizar ejercicio suave como caminar 45 minutos al día (u otro ejercicio equivalente) tres veces por semana puede ser importante para mantenerse en forma, disminuir el riesgo de problemas cardiovasculares, aumentar la sensación de bienestar y mejorar el estado anímico y los trastornos conductuales.

Enfermedad arterial periférica

El ejercicio mejora los síntomas y permite al paciente poder caminar durante más tiempo o en terrenos inclinados. Esto permite aumentar las actividades de la vida diaria y el gasto de energía.

Asma

Hacer deporte es recomendable para los pacientes con asma, siempre que la enfermedad esté bien controlada. Los pacientes que tienen asma debido al ejercicio pueden tomar el broncodilatador de acción corta unos 10 o 15 minutos antes.

La actividad física ayuda a mantener un peso adecuado, mejora la función cardiovascular, la tolerancia al ejercicio y disminuye el tratamiento de rescate.

 

Información referenciada en las páginas web de la Generalitat de Catalunya y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Un proyecto elaborado junto a . Este enlace se abre en una nueva pestaña.

Información documentada por:

David Domínguez
Eva Ferrer
Gil Rodas

Publicado: 14 de abril del 2020
Actualizado: 14 de abril del 2020

Mantente al día sobre este contenido

Suscríbete para recibir información sobre las últimas actualizaciones relacionadas con este contenido.

¡Gracias por tu suscripción!

Si es la primera vez que te suscribes recibirás un mail de confirmación, comprueba tu bandeja de entrada.

Ha ocurrido un error y no hemos podido enviar tus datos, por favor, vuelve a intentarlo más tarde.