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Una vez diagnosticado el cáncer un comité multidisciplinar evalúa cada caso de manera individual, junto con el paciente, para ofrecer el tratamiento con mayor posibilidad de curación.  

El comité está formado por todos los profesionales directamente vinculados con el proceso diagnóstico y de tratamiento de la enfermedad, radiólogos, especialistas en medicina nuclear, patólogos, oncólogos radioterapeutas, oncólogos, cirujanos y los profesionales de las especialidades médicas relacionadas con cada tumor.

El tipo de tratamiento se establece en función de los siguientes factores:

  • Características del paciente. Edad, estado funcional del paciente, existencia de otras enfermedades que dificulten algún tratamiento.
  • Fase o estadio en el que se encuentra la enfermedad (TNM).
  • Tipo de tumor. Características anatómico-patológicas y moleculares.
Tijeras y bisturí

Es un tratamiento efectivo y definitivo en tumores sólidos localizados y puede requerir la integración de otros tratamientos. En algunos tipos de cáncer la cirugía también se utiliza para reducir el tamaño del tumor, como tratamiento paliativo para aliviar los efectos secundarios causados por el tumor o como cirugía reconstructiva.

Radioterapia

Consiste en el uso de radiaciones ionizantes de alta energía que alteran la capacidad de división de las células cancerosas. Puede administrarse con intención radical, complementaria a otras técnicas o paliativa. Existen tres formas principales de administrar la radioterapia:

  • Radioterapia externa. La fuente de irradiación está a cierta distancia del paciente en equipos de grandes dimensiones. Es la radioterapia más común y se administra en el centro de atención primaria, por un período de tiempo variable, en función de la enfermedad que se trate. La radiación puede ser de rayos gamma, rayos X o electrones.
  • Braquiterapia. Consiste en colocar fuentes radiactivas encapsuladas dentro o en la proximidad del tumor. El objetivo de este tratamiento es administrar dosis altas de radiación al tumor, con dosis menores a los tejidos circundantes. Este tratamiento se conoce también como curiterapia o radioterapia interna.
  • Radioterapia intraoperatoria. Consiste en la administración única de una alta dosis de radiación ionizante en un área anatómica definida durante la cirugía, con la finalidad de mejorar el control local del tumor.
Quimioterapia

El tratamiento farmacológico se administra de forma exclusiva o en combinación con otros tratamientos. Los principales tratamientos son:

  • Quimioterapia. Son fármacos que tienen la propiedad de interferir en el ciclo celular y destruir las células cancerosas. Puede administrarse como un único fármaco o en combinación con múltiples fármacos. Se puede administrar después de un tratamiento principal, normalmente la cirugía (quimioterapia adyuvante), o antes del tratamiento principal (neoadyuvante). También puede administrarse en combinación con la radioterapia o con el tratamiento paliativo. La vía de administración más frecuente es la intravenosa, a menudo mediante un catéter para su infusión. Para evitar pinchazos, puede adherirse este catéter a un pequeño dispositivo, de plástico o metal, que se coloca bajo la piel (Port-a-Cath®).  Algunos fármacos pueden administrarse vía oral.
  • Hormonoterapia. Determinados tipos de tumores, como el cáncer de mama o de próstata, dependen de hormonas para su crecimiento. Cuando las células tumorales presentan en su superficie receptores hormonales, las hormonas normales funcionan como estimulantes del crecimiento de estos tumores. Los tratamientos hormonales modifican las hormonas para evitar su síntesis, alterar sus efectos sobre determinadas células o para frenar el crecimiento de ciertos tumores.
  • Terapias biológicas. Se diferencian de la quimioterapia en que están diseñadas para bloquear de forma específica aspectos concretos de la biología celular o tumoral en lugar de destruir todas aquellas células que se reproducen de forma rápida. Algunos ejemplos son los anticuerpos monoclonales, que se unen a los receptores de membrana y los bloquean o inactivan del dominio intracelular del receptor.
  • Inmunoterapia. Es un tratamiento destinado a potenciar, mejorar o estimular el sistema inmunitario del paciente. A diferencia de los demás tratamientos disponibles no se dirige a destruir las células del tumor sino que es el propio sistema inmunitario el que ataca y destruye el tumor.

La vía más habitual de administración de la quimioterapia es la intravenosa. Para aquellos pacientes que presentan mal acceso venoso, existen unos dispositivos que evitan los pinchazos de manera repetida sin dañar las venas periféricas. Los más utilizados son el catéter de inserción periférica (PICC) y el Port-a-Cath®.

Colocación cateter venoso

El PICC es un catéter que se introduce a través de una vena en la parte superior del brazo. El extremo del catéter termina en una vena grande cerca del corazón. Para su colocación, se realiza una pequeña incisión en la piel con anestesia local. Una vez introducido el catéter se fija al brazo para evitar que se mueva. Después, se realiza una radiografía para asegurar su correcta ubicación. Una vez colocado, el paciente puede irse a casa sin ningún problema. El catéter va protegido con un apósito impermeable, aún así se recomienda no mojarlo directamente ya que se puede despegar. Las curas del apósito se realizan una vez por semana en el centro hospitalario.

Portacath

El Port-a-Cath® tiene la forma de un disco de plástico y se coloca por debajo de la piel en el tórax o en el brazo, y conecta con el torrente sanguíneo a través de un catéter. La implantación del Port-a-Cath® implica un breve procedimiento quirúrgico con anestesia local. Una vez que el Port-a-Cath® y el catéter se encuentran colocados de manera correcta y la incisión ha cicatrizado, solo se nota una pequeña prominencia bajo la piel. No tiene porqué provocar molestias, pero es recomendable consultar con el equipo de salud antes de realizar una actividad que involucre un movimiento físico excesivo o repetitivo. Cuando no se recibe tratamiento, al no tener ninguna aguja colocada, no se precisa de ningún cuidado especial y el paciente se puede lavar y bañar con normalidad. En el caso de recibir tratamiento, se cubre la aguja con un apósito para fijarla y mantener limpia la zona de punción. El apósito se debe mantener limpio y seco. La zona de la inyección debe ser examinada de manera regular. Si se mueve, hincha o aparece enrojecimiento o hematoma, se debe comentar con el equipo de salud.

Persona con via venosa recibiendo trasplante medula

Hoy en día el denominado trasplante de progenitores hematopoyéticos es un procedimiento que consiste en sustituir las células madre de la médula ósea enferma por las sanas de un donante. El donante puede ser el mismo paciente (trasplante autólogo o autogénico) u otra persona (trasplante alogénico).

  • Hipertermia. Se usa el calor para dañar y eliminar las células cancerígenas sin dañar las células normales. El calor se aplica a través de una máquina fuera del cuerpo o a través de una aguja o una sonda que se coloca en el tumor.
  • Terapia láser. Consiste en utilizar un haz de luz muy estrecho y enfocado para destruir las células cancerígenas. Se aplica a través de un tubo delgado e iluminado que se coloca dentro del cuerpo, o bien directamente sobre la piel. La terapia láser se utiliza para: destruir tumores y tumores precancerígenos, reducir tumores, ayudar a tratar síntomas como los sangrados o para, tras una cirugía, sellar terminaciones nerviosas para reducir el dolor o sellar los vasos linfáticos y evitar que las células del tumor se propaguen.
  • Terapia fotodinámica. En este tipo de terapia, el paciente recibe una inyección de un medicamento que es sensible a un tipo especial de luz. El medicamento permanece en las células cancerígenas más tiempo del que permanece en las células sanas. Posteriormente, se dirige la luz de un láser u otra fuente a las células cancerígenas. La luz convierte al medicamento en una sustancia que elimina células cancerígenas.
  • Crioterapia. Este tipo de terapia utiliza un gas extremadamente frío para congelar y eliminar las células cancerígenas. En ocasiones, se utiliza para tratar las células que pueden convertirse en cáncer (precancerosas) en la piel o el cuello uterino, por ejemplo. También se pueden utilizar un instrumento especial para aplicar la crioterapia a tumores dentro del cuerpo, como tumores en el hígado o la próstata.

Un ensayo clínico es una investigación médica realizada a personas que participan, de manera voluntaria, para ayudar a descubrir mejores formas de tratar, prevenir, diagnosticar y entender enfermedades, como el cáncer.  Los ensayos clínicos pueden ser para testar la seguridad y la eficacia de nuevos medicamentos o para comparar tratamientos ya existentes y determinar cuál es más beneficioso.

En muchos ensayos clínicos se compara el nuevo tratamiento con el mejor tratamiento disponible (el que se da habitualmente se conoce como grupo control). Si hasta el momento no existe tratamiento eficaz, se puede comparar con placebo, es decir, un preparado con apariencia de medicamento, pero sin actividad alguna. Para que los resultados resulten fiables, los pacientes pueden ser asignados al azar a uno de los grupos de tratamiento (aleatorización) y ni el paciente ni el médico saben si se trata de un tipo de tratamiento o de otro (a no ser que sea necesario).

Antes de realizar ensayos con personas, se realizan estudios de seguridad y eficacia con animales de experimentación y, si se considera una terapia prometedora y segura, la investigación continúa y se procede a realizar el estudio con personas, pero siempre tomando todas las precauciones posibles.

Todos los ensayos clínicos están regidos por un protocolo donde se describe el plan que sigue el estudio, es decir, cómo se hace y por qué es necesario su desarrollo, qué criterios se siguen para incluir a los participantes, a cuáles se excluye para no perjudicarlos, etcétera.

Este protocolo debe ser revisado y aprobado por un grupo de expertos del hospital y por las autoridades sanitarias, antes de ponerse en marcha, para proteger los derechos de las personas que participan en el ensayo.

En España no está permitido el registro o comercialización de un nuevo medicamento sin estudios clínicos previos que demuestren su eficacia y seguridad en unas condiciones determinadas. Por ello, la investigación clínica es necesaria y deseable.

La importancia de los ensayos clínicos en el avance de la medicina es indiscutible. Sin su realización, y sin las personas que de forma desinteresada participan en ellos, no se pueden encontrar tratamientos efectivos para las enfermedades que tienen los pacientes.

Los tratamientos pueden ocasionar efectos secundarios en función de la localización del tumor, del tipo de tratamiento administrado y de la sensibilidad de cada persona. La mayoría de los efectos secundarios tardíos, tanto de la quimioterapia como de la radioterapia, desaparecen después del tratamiento. Pero algunos continúan, vuelven o se desarrollan más tarde. Estos efectos tardíos pueden incluir el desarrollo de un segundo cáncer. Sin embargo, el riesgo de tener un segundo cáncer debido a la quimioterapia o a la radioterapia es bajo. Este riesgo es menor que el beneficio de tratar el cáncer.

Algunos pacientes con cáncer suelen recurrir a tratamientos que no se consideran dentro de la práctica clínica convencional, ya sea como complemento de las prescripciones  realizadas por los médicos (medicina complementaria) o como substitución (medicina alternativa). Las causas para recurrir a estos tratamientos son múltiples: síntomas parcialmente controlados, respuesta del paciente a la progresión de la enfermedad, ansiedad, entre otros.

La falta de evidencias alrededor de estos tratamientos hace imposible definir las posibles indicaciones. Algunos criterios útiles para los pacientes que deciden utilizarlos son los siguientes:

  • El punto clave al tomar decisiones es la seguridad. Natural no significa exento de riesgos.
  • No hay que confundir bienestar con eficacia del tratamiento. Hay procedimientos o situaciones que producen bienestar al paciente, sin interferir con el tratamiento. La sensación de bienestar es muy subjetiva, por lo que es difícil extrapolar los posibles beneficios a otros pacientes.
  • La conversación con los profesionales es imperativa. Los médicos que prescriben los tratamientos oncológicos deben conocer con precisión otros fármacos o productos naturales que toma el paciente.
  • Los tratamientos herbales (fitoterapia) pueden tener interacciones farmacológicas con los tratamientos convencionales.
  • La mayor parte de los sistemas sanitarios públicos no financian los tratamientos complementarios (o alternativos) dada la falta de evidencias sólidas sobre su efectividad. Recurrir a terapias complementarias (o alternativas) puede representar un coste significativo para el paciente.
  • La fiabilidad de las fuentes de información es muy importante. Algunos criterios a tener en cuenta son los siguientes:
    • ¿Quién genera la información? Fuentes gubernamentales o instituciones docentes (.gov, .edu)
    • ¿Quién promueve los estudios y cómo se financian?
    • ¿Cómo se hace la difusión de los resultados? Publicaciones con peer-review.
    • La fecha en la que se ha generado la información es un aspecto muy importante dado que los cambios y las innovaciones en el campo de la oncología son muy rápidos.
  • En las redes sociales se difunde mucha información sobre beneficios de ciertos tratamientos. En estos casos la fiabilidad es más difícil de evaluar. Hay que tener en cuenta, como principio general, que los beneficios en una persona concreta no se pueden extrapolar de manera automática a otra.
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Información documentada por:

Albert Tuca Rodríguez
Aleix Prat
Francesc Balaguer
Meritxell Molla
Montserrat Valverde Bosch
Vanessa Vilas
Álvaro Urbano-Ispizua

Publicado: 12 de noviembre del 2018
Actualizado: 20 de noviembre del 2018

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